Gremios Universitarios en Conflicto

 

 

Declaración de la FEUU a la población 19/08/2002

De los estudiantes universitarios a los ciudadanos de la República:

Por estas horas, las voces más regresivas de nuestro país afirman que nuestros reclamos exceden el legítimo interés del estudiante. Alegan, ante todos aquellos que quieran escucharlos, que los estudiantes de la Universidad de la República no tenemos derecho a protestar por la tragedia que está afrontando nuestro pueblo. A duras penas, nos reconocen autoridad para hacer referencia en nuestras demandas a aquellas cosas que afecten a la Casa Mayor de Estudios. Nada más.

Y se equivocan. Y cómo lamentamos semejante error, tanta arrogancia y tanta desmemoria. Cómo duele, y cómo desconcierta, que las autoridades de la nación, en una expresión de supina ignorancia, olviden o deliberadamente desconozcan los principios más entrañables de la institución que nos aloja, que nos forma, y de la que tanto nos enorgullece formar parte. La Universidad de la República no tiene otro motivo que este pueblo. Allí comienza su sentido, allí culmina.

Alguno, en un arrebato o extravío, podrá imaginar la construcción de un país sin Universidad, pero ostensiblemente no será posible una Universidad cuando no haya país.
Uruguay transcurre hoy por la crisis económica más importante de su historia. Esto lo sabe todo el mundo. Lo dice todo el mundo. Pero no la viven todos y nos cuesta entender por qué se evita con tanta rigurosidad establecer las inocultables responsabilidades que subyacen ante la barbarie. No llegamos a esta situación por obra del destino o de la magia o por culpa de otros. No era este el derrotero natural al que conducían las aguas de la existencia nacional. Acá hubo quienes, escudados en el poder despótico de la bota militar, iniciaron, literalmente a sangre y fuego, la aplicación de un modelo cuya explícita meta era y es la acumulación de la riqueza, al costo de la exclusión de vastísimos sectores de la sociedad.

Nunca, desde la época de la colonia, hubo tanto en manos de tan pocos y tantos que no tuvieran nada.
Nunca, desde la declaratoria de independencia, hemos estado tan cerca de no ser otra cosa que un "protectorado" de una nación cuyos intereses imperiales habrían dejado absorta a la propia Constantinopla.

Pero nos quieren convencer de que no hay culpables. Que la crisis nos vino de rebote. O el "Tequila" o el "Samba" o el fuelle del bandoneón del "Tango" nos hicieron danzar la melodía de la desgracia. Y mienten. La cosa es más profunda y viene bastante de más lejos.

Nos sobrecoge una infinita vergüenza ante cada nueva muestra de sometimiento de las autoridades a los dictámenes de gobiernos ajenos, de organismo foráneos que no titubean a la hora de imponer condiciones inaceptables para una nación que se precie de ser soberana.
No es esto lo que esperamos los estudiantes de quienes ocupan los más altos poderes de la patria. Reclamamos dignidad, no cipayismo. Alguien debería entender nuestro desprecio, sobre todo cuando día a día afrontamos, con la precisión de una liturgia, nuevas despedidas. Sólo en los primeros dos meses de este año quince mil jóvenes armaron las valijas y, rodeados de familias, de amigos y de lágrimas, abandonaron Uruguay hacia un destino siempre incierto, hacia su propio destierro.
Nuestra pelea es contra el exilio. El derecho a no irse que no está consagrado en ningún código, pero tiene la dimensión de la sentencia más innegociable que pueda imaginarse. No queremos irnos, no queremos sufrir más despedidas, y no estamos dispuestos a observar en silencio como nos matan los sueños.

Hay quienes cuestionan nuestro derecho a ir a la Huelga. Quieren hacer creer que no hemos sido democráticos al tiempo de tomar tan graves decisiones. No sólo se engañan, pretenden contaminar de falsedades a todo nuestro pueblo. Nuestra triple condición de jóvenes, uruguayos y estudiantes nos hace incapaces de cualquier procedimiento espurio. Reclamamos democracia, exigimos el surgimiento de una forma de gobierno participativo, transparente y, ante todo, con valores que no avergüencen a todo nuestro pueblo.


Conocemos, más que muchos de los que hoy levantan sus voces contra las medidas que los estudiantes hemos emprendido, el valor de estos principios. La Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay no va a realizar ninguna actividad por sugerencia de Ministro alguno o por la insistencia de los medios de prensa o de pequeños grupos que responden a los menesteres de partidos políticos. Sólo nos sometemos a la voluntad del estudiante. Han sido, como lo serán siempre, los estudiantes de la Universidad los únicos a los que la Federación le rendirá las cuentas, y los únicos que abrigan el derecho inalienable de decidir lo que la Federación realice. El que quiera otra cosa que vaya a su asamblea y lo proponga. Pero nos molesta profundamente que aquellos que han sido derrotados abrumadoramente en el propio colectivo de sus compañeros, utilicen las baterías del poder y de los medios serviles para desprestigiar lo que legítimamente hemos resuelto.

La Universidad lamentablemente es chica y nos conocemos todos. Sabemos bien quiénes fueron los que desconociendo un mandato plebiscitario entronaron a un decano en Facultad de Derecho que no había siquiera aceptado someterse a las urnas estudiantiles, por conocer el inmenso rechazo que generaba en nuestro orden. Sabemos bien quiénes fueron y no fuimos nosotros. Fueron los mismos que, cuando una asamblea de estudiantes de Derecho que colmó las instalaciones del histórico Paraninfo de la Universidad les exigió la renuncia a sus cargos de dirección y la convocatoria a elecciones urgentes donde ni siquiera podrían presentarse por traicionar a los estudiantes que en teoría representaban, la desconocieron en connivencia con el Ministerio de Educación y Cultura -cuya titularidad ocupa el mismo que propuso la matrícula hace ocho años y que hoy propone declarar ilegales las medidas de los estudiantes- que acudió solícito a los requerimientos de este grupo de usuarios de la Casa de Estudios, porque nos negamos a considerarlos universitarios plenos.

Sabemos bien quiénes fueron y no fuimos nosotros. Fueron los mismos que, pocos días atrás, en una Asamblea de Estudiantes de Veterinaria, al verse derrotados, se retiraron para impedir que la misma tomara resolución por problemas de quórum. La Asociación de Estudiantes de Veterinaria, en una muestra más de dignidad universitaria que nos enorgullece, no adoptó resolución, aun cuando podría haberlo hecho en un órgano de menor jerarquía, y se abstuvo de manifestar su posición hasta que en una asamblea posterior los estudiantes de veterinaria libérrimamente se expresaron mayoritariamente a favor de la huelga que hoy llevamos adelante. Sabemos bien quiénes fueron y no fuimos nosotros.


Fueron y son los mismos tan bien recibidos y amplificados por algunos medios de comunicación, entre ellos el mismo periódico que propició el asalto a la Universidad, que publicaba rostros de militantes de la resistencia bajo el mote de "sediciosos" durante la dictadura militar que ensangrentó las avenidas de nuestro país. El mismo medio que editorializó respaldando el asesinato de Patrice Lumumba por las fuerzas del "Apartheid". Sabemos bien quiénes son, quiénes han sido, y no somos, ni hemos sido, ni seremos nosotros.

No todos somos lo mismo en este país. No todos estamos en la misma trinchera de la vida. La Federación tiene sus muertos y no sólo los 14 de agosto los recuerda. Los veneramos día a día porque hacemos un culto a la memoria, porque no olvidamos a los que dieron su vida por la autonomía y el cogobierno, por el boleto estudiantil, por la libertad, por todos nosotros. Podemos aseverar sin temblor en la voz: "la sangre de los caídos no se ha derramado en vano".


Los mártires estudiantiles de la Universidad eran de la Federación y hoy pertenecen a todos y a ninguno, forman parte del patrimonio de heroísmo de los orientales y así como lo hemos dicho muchas veces, no tenemos ningún inconveniente en reiterarlo: la FEUU no sólo es gremio, es orden, es de todos los estudiantes y las estudiantes de la Universidad. Es amplia. Todos tienen lugar y sólo no están aquéllos que se han ido por voluntad propia. Los estudiantes decimos convencidos que estamos a la altura de las exigencias de la historia. Estamos trabajando donde no llegan las luminarias de la orbe: en las ollas populares que alimentan a más de cien mil personas sólo en la zona sur de nuestro país, en las cooperativas del lejano norte. Estamos trabajando en la construcción de alternativas que nos permitan salir todos juntos de la desesperanza en las que nos han sumido quienes detentan el poder.

No somos ingenuos. Sabemos que el Uruguay no es un problema de santos y demonios. Pero no podemos desconocer que prima en nuestros gobernantes una ética que no compartimos. No puede haber hambre en un país con diez millones de vacunos y donde más de las tres cuartas partes del territorio es cultivable. No puede haber niños durmiendo en la calle cuando casi un centenar de miles de viviendas se encuentran desocupadas sólo en nuestra capital. No puede permitirse que miles de jóvenes abandonen el país cuando somos la región más envejecida de América Latina y una de las zonas menos densamente pobladas del mundo, salvando los desiertos, los polos y las selvas.

Como ya expresara el Manifiesto Liminar de Córdoba que sustenta la Ley Orgánica de la Universidad que nos contempla: "Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten"
"Los dolores que quedan son las libertades que faltan".


FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DEL URUGUAY

Sitio web: www.feuu.edu.uy
Radio: 102.5 FM - Radio FEUU
feuu@hotmail.com