De
los estudiantes universitarios a los ciudadanos de la República:
Por estas horas, las voces más regresivas de nuestro país
afirman que nuestros reclamos exceden el legítimo interés
del estudiante. Alegan, ante todos aquellos que quieran escucharlos,
que los estudiantes de la Universidad de la República no tenemos
derecho a protestar por la tragedia que está afrontando nuestro
pueblo. A duras penas, nos reconocen autoridad para hacer referencia
en nuestras demandas a aquellas cosas que afecten a la Casa Mayor
de Estudios. Nada más.
Y se equivocan.
Y cómo lamentamos semejante error, tanta arrogancia y tanta
desmemoria. Cómo duele, y cómo desconcierta, que las
autoridades de la nación, en una expresión de supina
ignorancia, olviden o deliberadamente desconozcan los principios más
entrañables de la institución que nos aloja, que nos
forma, y de la que tanto nos enorgullece formar parte. La Universidad
de la República no tiene otro motivo que este pueblo. Allí
comienza su sentido, allí culmina.
Alguno, en un
arrebato o extravío, podrá imaginar la construcción
de un país sin Universidad, pero ostensiblemente no será
posible una Universidad cuando no haya país.
Uruguay transcurre hoy por la crisis económica más importante
de su historia. Esto lo sabe todo el mundo. Lo dice todo el mundo.
Pero no la viven todos y nos cuesta entender por qué se evita
con tanta rigurosidad establecer las inocultables responsabilidades
que subyacen ante la barbarie. No llegamos a esta situación
por obra del destino o de la magia o por culpa de otros. No era este
el derrotero natural al que conducían las aguas de la existencia
nacional. Acá hubo quienes, escudados en el poder despótico
de la bota militar, iniciaron, literalmente a sangre y fuego, la aplicación
de un modelo cuya explícita meta era y es la acumulación
de la riqueza, al costo de la exclusión de vastísimos
sectores de la sociedad.
Nunca, desde
la época de la colonia, hubo tanto en manos de tan pocos y
tantos que no tuvieran nada.
Nunca, desde la declaratoria de independencia, hemos estado tan cerca
de no ser otra cosa que un "protectorado" de una nación
cuyos intereses imperiales habrían dejado absorta a la propia
Constantinopla.
Pero nos quieren
convencer de que no hay culpables. Que la crisis nos vino de rebote.
O el "Tequila" o el "Samba" o el fuelle del bandoneón
del "Tango" nos hicieron danzar la melodía de la
desgracia. Y mienten. La cosa es más profunda y viene bastante
de más lejos.
Nos sobrecoge
una infinita vergüenza ante cada nueva muestra de sometimiento
de las autoridades a los dictámenes de gobiernos ajenos, de
organismo foráneos que no titubean a la hora de imponer condiciones
inaceptables para una nación que se precie de ser soberana.
No es esto lo que esperamos los estudiantes de quienes ocupan los
más altos poderes de la patria. Reclamamos dignidad, no cipayismo.
Alguien debería entender nuestro desprecio, sobre todo cuando
día a día afrontamos, con la precisión de una
liturgia, nuevas despedidas. Sólo en los primeros dos meses
de este año quince mil jóvenes armaron las valijas y,
rodeados de familias, de amigos y de lágrimas, abandonaron
Uruguay hacia un destino siempre incierto, hacia su propio destierro.
Nuestra pelea es contra el exilio. El derecho a no irse que no está
consagrado en ningún código, pero tiene la dimensión
de la sentencia más innegociable que pueda imaginarse. No queremos
irnos, no queremos sufrir más despedidas, y no estamos dispuestos
a observar en silencio como nos matan los sueños.
Hay quienes cuestionan
nuestro derecho a ir a la Huelga. Quieren hacer creer que no hemos
sido democráticos al tiempo de tomar tan graves decisiones.
No sólo se engañan, pretenden contaminar de falsedades
a todo nuestro pueblo. Nuestra triple condición de jóvenes,
uruguayos y estudiantes nos hace incapaces de cualquier procedimiento
espurio. Reclamamos democracia, exigimos el surgimiento de una forma
de gobierno participativo, transparente y, ante todo, con valores
que no avergüencen a todo nuestro pueblo.
Conocemos, más que muchos de los que hoy levantan sus voces
contra las medidas que los estudiantes hemos emprendido, el valor
de estos principios. La Federación de Estudiantes Universitarios
del Uruguay no va a realizar ninguna actividad por sugerencia de Ministro
alguno o por la insistencia de los medios de prensa o de pequeños
grupos que responden a los menesteres de partidos políticos.
Sólo nos sometemos a la voluntad del estudiante. Han sido,
como lo serán siempre, los estudiantes de la Universidad los
únicos a los que la Federación le rendirá las
cuentas, y los únicos que abrigan el derecho inalienable de
decidir lo que la Federación realice. El que quiera otra cosa
que vaya a su asamblea y lo proponga. Pero nos molesta profundamente
que aquellos que han sido derrotados abrumadoramente en el propio
colectivo de sus compañeros, utilicen las baterías del
poder y de los medios serviles para desprestigiar lo que legítimamente
hemos resuelto.
La Universidad
lamentablemente es chica y nos conocemos todos. Sabemos bien quiénes
fueron los que desconociendo un mandato plebiscitario entronaron a
un decano en Facultad de Derecho que no había siquiera aceptado
someterse a las urnas estudiantiles, por conocer el inmenso rechazo
que generaba en nuestro orden. Sabemos bien quiénes fueron
y no fuimos nosotros. Fueron los mismos que, cuando una asamblea de
estudiantes de Derecho que colmó las instalaciones del histórico
Paraninfo de la Universidad les exigió la renuncia a sus cargos
de dirección y la convocatoria a elecciones urgentes donde
ni siquiera podrían presentarse por traicionar a los estudiantes
que en teoría representaban, la desconocieron en connivencia
con el Ministerio de Educación y Cultura -cuya titularidad
ocupa el mismo que propuso la matrícula hace ocho años
y que hoy propone declarar ilegales las medidas de los estudiantes-
que acudió solícito a los requerimientos de este grupo
de usuarios de la Casa de Estudios, porque nos negamos a considerarlos
universitarios plenos.
Sabemos bien
quiénes fueron y no fuimos nosotros. Fueron los mismos que,
pocos días atrás, en una Asamblea de Estudiantes de
Veterinaria, al verse derrotados, se retiraron para impedir que la
misma tomara resolución por problemas de quórum. La
Asociación de Estudiantes de Veterinaria, en una muestra más
de dignidad universitaria que nos enorgullece, no adoptó resolución,
aun cuando podría haberlo hecho en un órgano de menor
jerarquía, y se abstuvo de manifestar su posición hasta
que en una asamblea posterior los estudiantes de veterinaria libérrimamente
se expresaron mayoritariamente a favor de la huelga que hoy llevamos
adelante. Sabemos bien quiénes fueron y no fuimos nosotros.
Fueron y son los mismos tan bien recibidos y amplificados por algunos
medios de comunicación, entre ellos el mismo periódico
que propició el asalto a la Universidad, que publicaba rostros
de militantes de la resistencia bajo el mote de "sediciosos"
durante la dictadura militar que ensangrentó las avenidas de
nuestro país. El mismo medio que editorializó respaldando
el asesinato de Patrice Lumumba por las fuerzas del "Apartheid".
Sabemos bien quiénes son, quiénes han sido, y no somos,
ni hemos sido, ni seremos nosotros.
No todos somos
lo mismo en este país. No todos estamos en la misma trinchera
de la vida. La Federación tiene sus muertos y no sólo
los 14 de agosto los recuerda. Los veneramos día a día
porque hacemos un culto a la memoria, porque no olvidamos a los que
dieron su vida por la autonomía y el cogobierno, por el boleto
estudiantil, por la libertad, por todos nosotros. Podemos aseverar
sin temblor en la voz: "la sangre de los caídos no se
ha derramado en vano".
Los mártires estudiantiles de la Universidad eran de la Federación
y hoy pertenecen a todos y a ninguno, forman parte del patrimonio
de heroísmo de los orientales y así como lo hemos dicho
muchas veces, no tenemos ningún inconveniente en reiterarlo:
la FEUU no sólo es gremio, es orden, es de todos los estudiantes
y las estudiantes de la Universidad. Es amplia. Todos tienen lugar
y sólo no están aquéllos que se han ido por voluntad
propia. Los estudiantes decimos convencidos que estamos a la altura
de las exigencias de la historia. Estamos trabajando donde no llegan
las luminarias de la orbe: en las ollas populares que alimentan a
más de cien mil personas sólo en la zona sur de nuestro
país, en las cooperativas del lejano norte. Estamos trabajando
en la construcción de alternativas que nos permitan salir todos
juntos de la desesperanza en las que nos han sumido quienes detentan
el poder.
No somos ingenuos.
Sabemos que el Uruguay no es un problema de santos y demonios. Pero
no podemos desconocer que prima en nuestros gobernantes una ética
que no compartimos. No puede haber hambre en un país con diez
millones de vacunos y donde más de las tres cuartas partes
del territorio es cultivable. No puede haber niños durmiendo
en la calle cuando casi un centenar de miles de viviendas se encuentran
desocupadas sólo en nuestra capital. No puede permitirse que
miles de jóvenes abandonen el país cuando somos la región
más envejecida de América Latina y una de las zonas
menos densamente pobladas del mundo, salvando los desiertos, los polos
y las selvas.
Como ya expresara
el Manifiesto Liminar de Córdoba que sustenta la Ley Orgánica
de la Universidad que nos contempla: "Creemos no equivocarnos,
las resonancias del corazón nos lo advierten"
"Los dolores que quedan son las libertades que faltan".
FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DEL URUGUAY
Sitio web: www.feuu.edu.uy
Radio: 102.5 FM - Radio FEUU
feuu@hotmail.com