Nosotros, que nuestra común
razón de ser, es la defensa del derecho a la vida, del cual
son subsidiarios los derechos a la alimentación, a la salud,
a un trabajo que permita la subsistencia, a la vivienda, a la enseñanza,
no podemos permanecer silenciosos ante situaciones que lo comprometen.
Profundamente preocupados
y doloridos por la situación de extrema gravedad que vive nuestro
país y nuestro pueblo, especialmente las personas en situación
económica más débil, queremos compartir nuestras
reflexiones con el resto de los compatriotas.
El país llegó
a una situación límite producto de muchas circunstancias
y procesos nacionales e internacionales. Esto genera múltiples
y justificadas tensiones. Es necesario que no caigamos en la desesperación,
que no sustituyamos el análisis por una confrontación
de sordos, que no lleguemos al “sálvese quien pueda”,
que sepamos compartir ámbitos amplios con todos los que honestamente
quieran ayudar para incrementar la solidaridad y la decencia.
Lo que hoy nos convoca
es la emergencia nacional que estamos viviendo.
Las situaciones difíciles
exigen lo mejor de todos y de cada uno, exigen mantener la serenidad
y exigen la solidaridad. Por eso, deseamos destacar el ejemplo que
significa la actitud responsable asumida por nuestra población
que, sin dejar de luchar por sus derechos, no pierde de vista el bien
común.
Frente a esta emergencia
alimentaria, frente a esta emergencia habitacional, frente a esta
emergencia en la atención a la salud de las personas, frente
a la emergencia del desempleo creciente, debemos tener como consigna
salvar la vida. Que nadie pierda su vida por el hambre, que nadie
la pierda por el frío, que nadie la pierda por provocaciones
o represiones.
Encontremos en los valores
y saberes de nuestro pueblo las formas de refundar un país
que fue fundido. Unámonos todas las personas honestas y ayudémonos
para salvar lo que realmente importa, lo más valioso que tenemos:
la gente.
Es en esa práctica
común donde encontraremos los sólidos caminos que nos
permitan un país más independiente, más libre,
más democrático, más tolerante, con políticas
nacionales trazadas entre todos más allá de nuestra
religión, orientación política o profesión.
Sólo así
nos liberaremos de “los malos europeos y peores americanos”.
En la actividad común conquistaremos el respeto, la amplitud
y la solidaridad que nos permitirán verdaderamente confiar
en nosotros mismos.
Hoy, estar sereno no es
defeccionar de luchas, es asumir las acciones viables, razonables,
adecuadas al momento. La situación es lo suficientemente grave
e injusta como para ser por si misma el mayor manifiesto de la necesidad
del cambio.
Nada
que agreda aún más a nuestra gente está justificado;
nada que incremente la inestabilidad, el miedo y la incertidumbre,
nada que vulnere la libertad y la integridad individual, ni nada que
comprometa el curso de nuestra vida democrática es aceptable
para nosotros.
Convocamos a participar
en las diferentes instancias de intercambio ya existentes, a construir
líneas de acción inmediatas de salvataje de nuestra
gente, a sumar nuestro esfuerzo a los que hacen la Universidad de
la República, los gremios, las cooperativas, las Iglesias,
las Comisiones Vecinales, etc. de elaborar propuestas que nos permitan
superar la situación actual, en las que estén consideradas
las múltiples experiencias que se están realizando desde
diversos sectores en diferentes ámbitos. Lo hacemos esperanzados
en que además de atender conjunta y solidariamente las dramáticas
situaciones de hoy- los orientales sabremos, entre todos, encontrar
los caminos que nos conduzcan a un futuro mejor.
Madres
y Familiares de Uruguayos Detenidos-Desaparecidos,
Servicio Paz y Justicia,
Centro de Investigación y Promoción, Franciscano y Ecológico.
7
de Agosto de 2002