Ciencias de la Atmósfera

En nuestro país no existía una tradición de cultivar la meteorología en el ambiente universitario por lo que no se generó la masa crítica de académicos capaz de mantener la formación continua de jóvenes. La muy escasa formación universitaria (en Uruguay hay un egresado universitario en meteorología por millón de habitantes contra uno cada 100.000 ó 150.000 en Argentina y Brasil) contribuyó al enorme rezago que hoy enfrenta el país en el desarrollo de las ciencias de la atmósfera y disciplinas afines, de enorme impacto en el ámbito productivo y social. Para superar esta situación es necesario aunar esfuerzos y, para que estos fructifiquen, se debe comenzar por la formación e incorporación de los recursos humanos necesarios en todos los niveles.

El escaso desarrollo de las ciencias atmosféricas en Uruguay se ve agravado por el hecho de que Uruguay presenta una variabilidad climática muy grande. Los riesgos naturales del país provienen mayormente de factores climáticos (sequías, inundaciones, olas de calor y de frío), así como de fenómenos meteorológicos severos de micro y meso escala (granizo, tornados, etc). Además, la economía depende fuertemente del recurso hidro-energético y de la producción agropecuaria. En estos, y otros rubros, el conocimiento sobre la variabilidad y el cambio climático, así como también sobre las variaciones del tiempo, constituyen un recurso básico, a la vez que un factor limitante. No existen hoy en la República recursos humanos especializados, suficientes en cantidad y calidad, para incorporar tal tipo de información a las actividades de planificación y de ejecución. Una consecuencia de ello es que no existen profesionales universitarios en meteorología en los cuadros de recursos humanos de la Dirección Nacional de Meteorología (DNM), Dirección Nacional de Medioambiente (DINAMA), en particular la Unidad de Cambio Climático (UCC), la Dirección Nacional de Energía (DNE), la Dirección Nacional de Hidrografía (DNH), la Dirección Nacional de Agua y Saneamiento (DINASA), la Dirección Nacional de Recursos Naturales Renovables (RENARE) del Ministerio de Agricultura y Pesca (MGAP), UTE, ADME (nótese tambien la inminente incorporación de energía eólica a la matriz energética del país), el Banco de Seguros del Estado (donde se manejan entre otros los seguros agrícolas fuertemente dependientes del clima), etc. También el sector privado, sobre todo las empresas relacionadas con la agropecuaria, son asiduos demandantes de la generación de conocimiento e información meteorológica y climática.

Transversal a numerosos temas a nivel de planificación estratégica del Estado (manejo de los recursos hídricos, política energética, mercado de créditos carbono, tratados regionales e internacionales, infraestructura civil, programas de desarrollo agropecuario, etc.) emerge, con importancia creciente, la consideración de la variabilidad y el cambio climático. Así, la formación de profesionales formados en clima y ciencias afines es imprescindible para la incorporación de este tan importante aspecto en forma seria y sistemática en el proceso de planificación.

La UdelaR debe proveer a la sociedad de formación terciaria en esta disciplina de crucial importancia para el desarrollo del país. Intentos anteriores de brindar esta formación no fructificaron, esencialmente por la falta de una masa crítica de académicos en el área, la cual se conformó sólo recientemente. El núcleo docente que actualmente existe en la UdelaR, distribuido entre las Facultades de Ciencias e Ingeniería, es resultado de un proceso de casi 20 años. En junio del 2006 el Consejo Directivo Central aprobó el plan de estudio de una nueva Licenciatura en Ciencias de la Atmósfera (dictada en conjunto por las Facultades de Ciencias e Ingeniería) y los primeros cursos se comenzaron a dictar en el primer semestre del 2007. Con este paso, la UdelaR se sitúa finalmente en posición de responder frente a la sociedad a la necesidad imperiosa de capacitar los profesionales que el país requiere.

La nueva Licenciatura fue diseñada para proveer al estudiante de una base sólida en los fundamentos de la meteorología y con pocas opciones en materias "profesionalizantes", con la intención de que fuera inmediatamente ejecutable y sustentable con el reducido cuerpo docente actual con formación y dedicación horaria en la nueva licenciatura. Por otro lado, la flexibilidad, articulación curricular y sistema de créditos de la nueva Licenciatura facilita el reconocimiento de cursos realizados en el exterior. En este contexto, el apoyo del PEDECIBA a través de becas para la realización de cursos y pasantías para los estudiantes, e intercambio académico en general, tiene el potencial de diversificar y vigorizar la formación, de particular importancia para las primeras generaciones de estudiantes. A su vez, el apoyo del PEDECIBA a los investigadores del area generará nuevos temas de investigación que sean de importancia para el país y que tienen un alto potencial de sinergia con otros grupos de ciencia básica. Este desarrollo conjunto de la investigación y la enseñanza es imprescindible para un exitoso desarrollo de la meteorología en el Uruguay.

Por ultimo, es importante señalar que el estudio de las ciencias de la atmósfera está conectado con numerosas ramas de la ciencia (tanto básica como aplicada) y su desarrollo y aplicación está también fuertemente vinculada a los adelantos en tecnologías como la percepción remota, el tratamiento de imágenes y la computación de alto desempeño. Históricamente, los problemas surgidos de la meteorología y sus aplicaciones han sido plataforma de lanzamiento de áreas nuevas del conocimiento. El estudio del sistema climático implica el estudio de la química y física de la atmósfera, así como el estudio de los océanos, la criosfera, la biosfera terrestre, y las actividades humanas. Para favorecer el desarrollo y vínculo de las diversas "áreas afines" sería conveniente la creación de un área dentro del PEDECIBA que no sólo considerara la meteorología, sino aquellas disciplinas afines tales como la oceanografía.