Neurociencia en Uruguay
Desde finales del siglo pasado y a principios de éste, algunos médicos clínicos comenzaron a desarrollar la neurología y la neurocirugía. Tal vez el comienzo podríamos situarlo asociado a la realización de la Tesis Doctoral de F. Soca, en París en 1888 y su regreso al país y el retorno de A. Schroeder del Servicio de Foerster en Alemania (1928).

Tomando como referencia estos comienzos médico-clínicos, se puede considerar al encuentro de Clemente Estable con Santiago Ramón y Cajal en el laboratorio de este último en Madrid (1924) y el regreso de Estable, como el verdadero comienzo de la Neurociencia en este país. Clemente Estable funda el Instituto de Investigaciones Biológicas que hoy lleva su nombre (IIBCE) amalgamando a su alrededor a un grupo de jóvenes, algunos médicos clínicos y otros que luego dedicarían su vida a la Neurociencia Básica. La Neurociencia Básica estuvo representada en el IIBCE por A. Vaz Ferreira quien fuera sucedido por J.P. Segundo (poco después profesor en la Universidad de California), C. Galeano (más tarde en Canadá) y J.P. Arias. Entre los clínicos más destacados están, J.B. Gomensoro (neurólogo) y particularmente R. Arana-Iñíguez (neurocirujano) quién más tarde dirigiera la época de oro del Instituto de Neurología en el Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina. La labor neuroanatómica, principal rama iniciada por Estable tanto tiempo atrás, aún continúa su desarrollo en el IIBCE, agregándose después un grupo neurofisiológico. Posteriormente se constituye la Neuroquímica que actualmente está allí representada por dos grupos de investigación.

El Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina, cuyo Profesor-Director entonces era D.B. Bennatti, recibe a finales de los años cuarenta e inicio de los cincuenta, a varios distinguidos profesores invitados. Desde Bélgica l legan el Profesor Heymans (ya premio Nobel) y el Profesor Bacq, además de un brillante chileno discípulo de Cannon, el Profesor J. V. Luco. Este fue el punto de partida en el área de la Neurofisiología y otras disciplinas fisiológicas para un grupo de jóvenes médicos uruguayos. Entre ellos, E. Migliaro, E. García-Austt y J.P. Segundo organizaron el laboratorio de Neurofisiología y comenzaron los trabajos de investigación; aparecieron entonces las primeras publicaciones y se agregaron, poco a poco, numerosos colaboradores. Este laboratorio, ahora multiplicado formando hoy dos grupos y bien equipado, continúa aun hoy sus labores cumpliendo ya 50 años de trabajo ininterrumpidos plasmados en resultados originales que dieron lugar a numerosas publicaciones de alto nivel.

En 1957, R. Arana-Iñíguez sucede a A. Schroeder al ser nombrado Profesor-Director del Instituto de Neurología de la Facultad de Medicina. Se inicia así un período cumbre en las investigaciones en Neurociencia. Un mismo Instituto liderado por un médico clínico relevante, (con formación en el extranjero, con Bailey en aspectos clínicos y también en investigación básica en el Brain Research Institute de la Universidad de California, junto a J.P. Segundo, J. French, R. Naquet, R. Hernández-Peón) logra aunar el cultivo de distintas disciplinas básicas con disciplinas y técnicas clínicas en el espacio y en el tiempo. Allí, E. García-Austt juega un papel relevante en la sección de Neurología Experimental, formando un grupo de investigadores y logrando diversas financiaciones internacionales para nuestros proyectos. También en esa época, M.A. Rebollo lidera un grupo de Neurohistología.

Finaliza la convulsionada década de los años 60 y se produce la diáspora de 1973. Mientras que la Neurociencia queda reducida a una "mínima expresión" en el país, parte en el IIBCE y parte en la Facultad de Medicina, E. García-Austt, entonces emigrado a Madrid, devuelve a España lo que nos legara Ramón y Cajal formando a Estable en los años 20; García-Austt co-funda la Sociedad Española de Neurociencia en 1985 dando un importante impulso a esta disciplina y genera un activo grupo de investigación en Madrid.

Aquella "mínima expresión" (de investigadores, de laboratorios y de financiamientos) a que fue reducida la Neurociencia en Uruguay durante el oscuro período militar fue también, en forma indudable, la base para la reconstrucción de esta ciencia mediados de los años 80. Después de 1985, ya en democracia nuevamente, aquellos laboratorios reducidos a embriones comenzaron a crecer localmente recibiendo, además, investigadores que regresaban al país; en conjunto hemos logrado continuar el camino de manera tal que hoy, 1997, podemos afirmar que la mayor parte de las técnicas de esta disciplina experimental están ya desarrolladas en el país. Aspectos Neurofisiológicos, Neuroanatómicos, Neuroquímicos, Neurofarmacológicos, etc., son investigados por un grupo u otro, en una institución u otra, constituyendo un conjunto de investigadores con real solvencia en Neurociencia.

Constituimos en realidad un Centro Regional de excelencia, cosa que se evidencia desde 1996 con la organización de la Escuela de Neurociencia, de verano y regional, con alumnos graduados y de post-grado del país y del área Latinoamericana y España; se han completado ya dos exitosas Escuelas que, en marzo de 1998 desarrollará su tercera edición.

Ricardo A. Velluti (1997)


Regreso a las páginas de la SNU