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Universidad de la República
150 años de su Instalación
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Discurso del Rector Ing. Rafael Guarga, en el acto
central de los festejos del sesquicentenario de la Universidad de la República
El día 19 de julio de 1999
Sr. Presidente de la República, Dr. Julio María
Sanguinetti
Sr. Ministro de Educación y Cultura, Prof. Yamandú
Fau
Sr. Presidente de la Universidad Nacional de La Plata,
Ing. Luis Lima
Sr. Intendente de Montevideo, Arq. Mariano Arana
Ing. Quím. Jorge Brovetto
Dr. .Arturo Ardao
Srs. invitados especiales Dr. Federico Mayor y Dr. Eric
Hobsbawm
Srs. Rectores de las Universidades del Grupo Montevideo
Autoridades Nacionales
Autoridades Universitarias
Docentes, egresados, estudiantes y funcionarios de la
UR
Amigas y amigos
1. El Período 1849 - 1973
Al
conmemorar un siglo y medio de la instalación e inauguración
de la Universidad de la República, es oportuno subrayar los cometidos
básicos que, a lo largo de su historia, han identificado el quehacer
de nuestra casa de estudios.
1.1 Formación de Profesionales
Cuando el Uruguay apenas contaba con veinte años
de existencia independiente comienza nuestra Universidad con la tarea de
formar profesionales. Con ello la Universidad contribuyó tempranamente
a la formación de los cuadros dirigentes de la naciente sociedad
uruguaya y a la preparación de personas idóneas para afrontar
los problemas concretos de la colectividad y de sus individuos, incidiendo
así en forma determinante, en el desarrollo y en la transformación
de la estructura legal, social, sanitaria, tecnológica, educacional
y cultural del país.
1.2 La investigación científica
No menos importante que la formación de los profesionales
ha sido la creación de un calificado centro de investigación
científica y tecnológica.
Es en el transcurso de este siglo cuando la Universidad
intensifica los trabajos de investigación en los diversos campos
del conocimiento que se cultivan en ella. Habrá, por supuesto, muchos
altibajos en este proceso, cuyo desarrollo se potencia con el Régimen
de Dedicación Total orientado específicamente a estimular
la investigación científica y cuya ordenanza fue aprobada
en 1958 durante el Rectorado del Dr. Mario Cassinoni. Será durante
el Rectorado del Ing. Oscar Maggiolo cuando se procura consolidar una estructura
universitaria que institucionalice -según los modelos universitarios
vigentes en los años 60- las formaciones científicas básicas
y estimule en general los aspectos científicos en toda la enseñanza
universitaria. Este ambicioso plan queda pendiente de realización,
al intensificarse en el país los conflictos sociales y políticos
que anticiparon el golpe de estado de 1973.
1.3 Formación de una sólida conciencia
democrática
También ha sido una permanente preocupación
de la Universidad de la República la formación de una sólida
conciencia democrática entre lo jóvenes estudiantes. Conciencia
democrática que no lograron desvirtuar los regímenes dictatoriales
ni las diversas intervenciones o intromisiones del poder político
en la vida académica, de las que fue objeto la Universidad de la
República a lo largo de su historia. En el siglo pasado ellas ocurrieron
durante los gobiernos de Lorenzo Latorre y Máximo Santos y en el
actual las mismas ocurrieron en los regímenes de Terra y durante
la dictadura cívico-militar en el período 1973 - 1985.
En este sentido existe una tradición arraigada
que, ya en 1883, permitía decir al Rector Dr. José Pedro
Ramírez que la Universidad de la República tenía “para
los hijos de este país, una ventaja que con nada se compensa, y
es la de que en ella se forma a la vez que el hombre de ciencia, el ciudadano,
con el espíritu de las instituciones que el país se ha dado”.
Más de un siglo después, el anterior Rector Ing. Quím.
Jorge Brovetto, concluía su Memoria de Rectorado con palabras concordantes:
“Manifestamos nuestra gran esperanza de que los jóvenes tomarán
con mayor fuerza aún, con inteligencia y con renovada fe, la hermosa
e ineludible tarea de hacer del conocimiento un bien social que contribuya
a la liberación del individuo y al bienestar colectivo”.
1.4 La “Universidad Americana” y la lucha por
la autonomía
Por otra parte, cabe agregar que la Universidad uruguaya
se mostró atenta y receptiva frente a una serie de reivindicaciones
vinculadas con la estructura y los fines de la institución que se
formularon en 1918, a manera de programa, en el Manifiesto de Córdoba.
Quizá el Ariel de Rodó con su vibrante
alegato latinoamericanista, y la presencia de la Revista Nacional que editaba
nuestra generación del 900 difundiendo un programa “de unidad intelectual
y moral de Hispanoamérica”, operaron como incentivos para que una
comisión de estudiantes universitarios, presidida por Héctor
Miranda, convocara a los estudiantes de América Latina para celebrar
un congreso, reunido en Montevideo en febrero de 1908. En él
se discutieron los tempranos lineamientos de un programa encaminado a plasmar
una entidad ideal que comienza entonces a denominarse “Universidad Americana”.
Fueron consignas de ese programa: la paz y la confraternidad internacional,
la intervención de los estudiantes en la vida política de
la Universidad, sin olvidar los reclamos por el estudio de los problemas
sociales de América Latina, la reforma tecnológica de sus
industrias, y el mejoramiento del “estado higiénico y sanitario
de los pueblos”.
Diez años después el Manifiesto de los
Estudiantes de Córdoba proclamaba: “Estamos pisando una revolución,
estamos viviendo una hora americana”.
En 1919, con las asambleas de profesores y estudiantes
reunidas en la Facultad de Medicina surgen los primeros ensayos del programa
“reformista” en el Uruguay. En 1921 el Dr. Dardo Regules, delegado
de los estudiantes en el Consejo de la Facultad de Derecho, presentó
un proyecto que constituye uno de los primeros escritos orgánicos
del “reformismo” en el Uruguay, enfatizando, entre otros, los temas
de la autonomía y la orientación pedagógica de la
Facultad de Derecho.
La Ley Orgánica aprobada para la Universidad en
1934, por el gobierno surgido del golpe de estado de Gabriel Terra, motivó
una airada protesta de los universitarios reunidos en la Asamblea del Claustro.
Dicho Claustro elaboró entre 1934 y 1935 un Estatuto, que prevalece
como uno de los más expresivos documentos del “reformismo” latinoamericano.
Allí se plantean los cambios necesarios para modificar la estructura
y renovar los fines de la Universidad de la República.
Tras insistentes reclamos y largas negociaciones a lo
largo de la década del ’40 e inicios de los ’50 - acompañadas
por importantes manifestaciones estudiantiles y de los universitarios todos-
se fue pautando “la lucha por la autonomía”. Ésta quedó
finalmente consagrada en la Constitución de 1951.
1.5 La Ley Orgánica de 1958
El Claustro de la Universidad inició entonces
el estudio de una nueva Ley Orgánica. A partir del Estatuto
del ’35, y tras largos y acalorados debates, quedó redactado el
proyecto de Ley que se elevó al Parlamento. No sin arduas
negociaciones con los legisladores, y fuertes reclamos de los universitarios
en las calles de Montevideo, la Ley se aprobó el 15 de octubre de
1958.
En ella se incorporaron importantes reformas, entre otras
el régimen de cogobierno de los tres órdenes y la definición
de los fines de la Universidad contenida en el Artículo 2° de
la referida ley. Dicha definición de fines puede calificarse como
una madura síntesis de principios renovadores que se han ido gestando
en el seno de esta Universidad de la República a lo largo de un
siglo y medio de existencia.
2. El Período 1985-1998
El
período que coincidió en el país con la transición
a la democracia, representó para la Universidad, tras el sombrío
capítulo de persecución y decadencia escrito por la dictadura
entre estas paredes, la reconquista del gobierno por sus autoridades legítimas.
Entrañó para ella y su cogobierno de estudiantes, docentes
y graduados, un denodado esfuerzo de recuperación académica
y de transformación institucional que debió emprenderse.
El recuperado cogobierno asignó entonces un papel
de vanguardia, por un lado, al desarrollo de la actividad científica,
a la investigación, a la creación de conocimiento, y por
otro, a establecer paralelamente una vasta trama de relaciones con todos
los sectores sociales, en particular con las entidades encargadas de la
producción y de la gestión de los intereses de la comunidad.
De esa forma, las necesidades concretas y los requerimientos
puntuales de ese entorno fueron nutriendo y articulando la actividad académica,
le dieron un sentido cada vez más concreto y se tradujeron en un
estímulo persistente para la inventiva de nuestros docentes e investigadores.
Ese espíritu se tradujo entre otros aspectos,
como la modificación de la estructura del gasto corriente de la
institución, que llevó a que el presupuesto recibido de la
intervención registrara cambios sustantivos. Los recursos destinados
a la investigación se multiplicaron por tres, en tanto que los gastos
de administración descendieron a la mitad.
En forma complementaria, iniciativas como el Programa
para el Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA) donde,
bajo la dirección del recordado Prof. Caldeyro Barcia, se conjugaron
las contribuciones de las Naciones Unidas, el gobierno nacional y
la Universidad de la República, que facilitaron por un lado el retorno
de decenas de científicos uruguayos dispersos por el mundo, desterrados
por la persecución política pero también por las penurias
económicas y la falta de horizontes, y se promovió por otro,
un rápido despliegue del ciclo de posgraduación, en ámbitos
donde sólo existían de manera incipiente o esporádica.
La multiplicación del número de investigadores con dedicación
total tradujo también el compromiso de la institución en
este plano, así como la creación de regímenes salariales
compensatorios y la adopción de disposiciones protectoras de la
propiedad intelectual.
La constitución de la Comisión Sectorial
de Investigación Científica, por su parte, se transformó
no sólo en un instrumento eficiente para encarnar estas políticas
sino también en una experiencia piloto para el proceso de sectorialización
por áreas de conocimiento que está transformando la estructura
de la Universidad en todos sus planos y preparándola para el advenimiento
de las nuevas soluciones que los tiempos reclaman.
Más de seiscientos convenios de asistencia en
ejecución frente a socios de toda índole, como ser entidades
del gobierno, empresas públicas y privadas, bancos, el movimiento
cooperativo y los sindicatos, ejemplifican la política de
apertura al medio que a través de esa y otras formas complementarias,
los responsables del cogobierno universitario han desarrollado, como una
de las constantes más significativas de su acción.
El atraso que, en el ámbito de la enseñanza
entrañó la intervención, generó en las autoridades
legítimas la necesidad de configurar respuestas creativas que pusieran
a la institución a la altura de las circunstancias. La Universidad
vivió un intenso período de transformación institucional,
puesto que en este período se crearon más facultades que
lo que en conjunto pudo hacerse durante el medio siglo anterior.
Así surgieron en ese breve lapso, las facultades
de Ciencias, de Ciencias Sociales, de Humanidades y Ciencias de la Educación,
de Psicología, el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes y el
Instituto Nacional de Enfermería, abriendo nuevos ámbitos
o reagrupando los que existían y dándoles otra proyección.
Aunque todavía insuficientes, la institución
emprendió algunas destacables acciones en el campo de la recuperación
y el desarrollo de su infraestructura edilicia, que apuntan hacia iguales
objetivos. Dichas iniciativas le permitieron incrementar en más
de un 25% el área disponible, en menos de diez años.
Como respuesta a los problemas suscitados por los procesos
de globalización y regionalización, la Universidad diseñó
una política de relaciones internacionales dirigida a sustentar
una serie de alianzas que le permitiera neutralizar los efectos negativos
de aquéllos y ganar la iniciativa en este plano. Así, acentuó
su participación en organismos internacionales, como la UNESCO,
sobre todo en aquellos foros donde la temática de la educación
superior constituía el foco de interés. Se hizo también
más persistente su participación en la Unión de Universidades
de América Latina (UDUAL), tradicional foro en que las universidades
del continente hacen resonar su voz. Y se asoció a las principales
universidades de la cuenca del Plata, generando el Grupo Montevideo del
que nació una experiencia inédita en el mundo académico
de acercamiento, entendimiento, intercambio y cooperación.
3. La Universidad y el futuro
Finalizada
la etapa de reconstrucción y de consolidación mínima
de aspectos esenciales de la actividad académica como lo es la investigación
científica o las vinculaciones del conocimiento académico
con los problemas reales de la sociedad uruguaya ¿cómo trazar
las orientaciones que le permitirán cumplir a la Universidad de
la República más cabalmente los cometidos que esta sociedad
uruguaya demanda?
Las universidades en el mundo entero debaten esa cuestión.
Todas son objeto de demandas sin precedentes por parte de las sociedades
a las cuales deben responder. A la amplitud de esta preocupación
y a la significación de la misma obedeció la propuesta que
al mundo académico efectuó la UNESCO bajo la conducción
de nuestro invitado Dr. Federico Mayor Zaragoza. Y el debate se expresó
en cuatro multitudinarias reuniones llevadas a cabo a lo largo de dos años
en cuatro continentes, para finalmente converger en una reunión
mundial, que se efectuó el pasado año durante la primera
semana de octubre en la sede central de la UNESCO en París. En esta
reunión gubernamental con participación académica,
se resumen los grandes debates previos y surgen importantes consensos en
cuanto a cuáles son esas orientaciones que las instituciones de
educación superior y en especial las instituciones públicas,
deben transitar para atender con mayor pertinencia las demandas de las
respectivas sociedades que las sustentan.
Podemos afirmar que en este debate, en el cual participaron
decenas de miles de académicos del mundo entero, la UNESCO cumplió
una intransferible función de gran atalaya, en este caso para la
enseñanza superior, en relación con las tendencias fundamentales
de la sociedad humana que afectan la vida de las instituciones universitarias.
Y es a partir de las conclusiones a las cuales se arribó como producto
del referido proceso, que nuestra Universidad ha comenzado a concretar
orientaciones y a definir acciones, ajustadas al contexto específico
de la sociedad uruguaya de fin de siglo.
En un intento de formular sucintamente estas orientaciones
-en algunos casos contenidas en resoluciones particulares y en otras como
hipótesis implícitas de decisiones concretas- anotaremos
las siguientes:
1. La universalización del ingreso a nivel
terciario. La sociedad hacia la cual nos encaminamos jerarquizará
el conocimiento como factor principal en lo que hace a aspectos tan diversos
como la producción, la preservación de la salud, la conservación
del medio ambiente y la identidad nacional, entre otros aspectos fundamentales.
La velocidad creciente de generación de nuevos conocimientos y sus
aplicaciones, obligan a la universalización de la enseñanza
terciaria como etapa inmediata. Etapa ésta ya alcanzada en algunas
sociedades más desarrolladas. Ello implica en un país como
el nuestro, emprender en forma conjunta la tarea de completar la universalización
de la enseñanza media, hoy con una tasa bruta de escolarización
(TBE) de 82% y la tarea de incrementar en forma urgente la TBE del nivel
terciario superior y del terciario no superior, TBE que hoy no supera el
30%. Esto supone incrementar sustantivamente el gasto público en
la materia como lo señala la UNESCO, puesto que el crecimiento de
la matrícula en el nivel terciario, aquí y en todo el mundo
se da fundamentalmente por el incremento del ingreso, a ese nivel educativo,
de los hijos de las familias menos pudientes.
2. La Educación Permanente La producción
de conocimientos con una velocidad que crece en el tiempo, va alterando
el contenido de la práctica profesional de los egresados universitarios.
Este fenómeno siempre ocurrió, pero sus efectos se hacían
sentir a lo largo de varias décadas. En consecuencia el egresado
universitario podía actuar por 30 o 40 años sin tener que
regresar a la Universidad para actualizar sus conocimientos. Hoy, los efectos
del fenómeno aludido, son de tal magnitud que los egresados deben
actualizarse permanentemente. Esto genera un nueva demanda sobre las instituciones
de enseñanza superior que éstas deben necesariamente atender.
En consecuencia, la educación permanente de sus egresados ha pasado
a ser una orientación de trabajo de importancia creciente en el
Universidad de la República.
3. La reducción de la duración de las
carreras de grado. La necesidad de un proceso de educación permanente
altera radicalmente el planteo de la educación de grado, obligando
por un lado a acortar la duración real de los estudios necesarios
para arribar a un primer título universitario y por otro a calificar
la naturaleza de los conocimientos a impartirse en dicha etapa, jerarquizando
aquéllos que fortalezcan el proceso de aprendizaje continuado que
será el escenario en el cual el futuro egresado deberá desempeñarse
durante toda su vida activa.
4. La oferta de educación a distancia para quien
la requiera. El imperativo de universalización de la educación
terciaria y del consiguiente crecimiento significativo del alumnado de
la educación superior obliga, en nuestro país, donde el 60%
de los estudiantes universitarios trabajan, no sólo a fortalecer
los mecanismos de becas como lo que se hace hoy mediante el Fondo de Solidaridad
-sostenido por los profesionales en actividad- sino a desarrollar una oferta
diferenciada y de calidad en cuanto a la educación no presencial
o a distancia para quienes no puedan concurrir diariamente a clase. Esta
oferta de educación a distancia debe tener como soporte las modernas
tecnologías de la información y de las comunicaciones, tecnologías
cuya aplicación intensiva está transformando considerablemente
la enseñanza en todos sus niveles y en particular en el nivel superior.
5. La mejora sustancial de la oferta de servicios
educativos al interior del país. En el contexto específico
uruguayo, el desarrollo de una oferta significativa de los tramos iniciales
de los cursos de ingreso bajo la forma de enseñanza a distancia,
haciendo uso del sistema de aulas virtuales con el que ya cuenta el país,
hará posible una mejora sustancial de la oferta de servicios universitarios
en el interior del Uruguay. Para fin de año se contará con
una aula virtual en cada capital departamental y tres aulas virtuales en
Montevideo, dos en locales de ANTEL y una en un local universitario.
6. La investigación científica
y sus aplicaciones. Otro de los componentes centrales a impulsar será
la investigación científica, función universitaria
que fue objeto de particular atención desde el año 1985 a
la fecha. Deberá velarse por el mantenimiento y el desarrollo de
los grupos humanos calificados que actualmente existen, así como
por la diversificación de las temáticas que hoy se cultivan.
Sin embargo, un elemento de gran significación a destacar, es la
voluntad general que existe en cuanto a buscar los caminos de conexión
entre la actividad de investigación académica y los problemas
en materia tecnológica, que introducen limitantes en las principales
cadenas productivas del país. Este es uno de los objetivos fundamentales
del programa CONICYT-BID II , actualmente en proceso avanzado de negociación
con el Banco Interamericano de Desarrollo. Salvar la actual e inmensa brecha
existente entre la creación de conocimiento científico de
calidad y las necesidades concretas -en la materia del aparato productivo-
es una meta ambiciosa que cuenta con el respaldo de la comunidad académica
para su logro. Los éxitos que se obtengan en esta dirección,
tendrán muy fuertes repercusiones económicas y académicas
en el corto y mediano plazo.
7. La Evaluación Institucional.
Por último deseo señalar la firme voluntad universitaria
en cuanto a la aplicación sistemática del poderoso instrumento
de la evaluación institucional en sus modalidades vinculadas de
autoevaluación y evaluación externa. La evaluación
institucional será el medio de seguimiento y control de la implantación
de las líneas de transformación que hasta aquí se
han expuesto. La referida implantación supone fijar metas, establecer
cronogramas y evaluar en forma permanente fortalezas y debilidades de lo
realizado, contrastando los diagnósticos y valoraciones propias,
con las opiniones de pares externos. El proceso realizado entre los años
1996 a 1998 de autoevaluación y de evaluación externa del
Área Tecnológica, no sólo muestra la voluntad universitaria
de actuar en la dirección señalada sino que la experiencia
efectuada ha mostrado la potencialidad de esta herramienta para orientar
las transformaciones en curso.
4. Las transformaciones en curso
Las
orientaciones de transformación universitaria que se han expuesto,
suponen secuencias de acciones a lo largo del tiempo. En lo inmediato se
han emprendido varias acciones de las cuales queremos destacar tres de
ellas:
Primera acción en curso: Evaluación Institucional
En esta dirección la institución ha establecido un firme
compromiso por resolución adoptada por unanimidad en el Consejo
Directivo Central de fecha 11/08/98. En dicha resolución se establece
el marco conceptual general dentro del cual se procesarán las autoevaluaciones
y las evaluaciones externas y se consolida un grupo de trabajo que ya ha
tenido importantes actuaciones en la formación de los protagonistas
directos de las actividades futuras de evaluación en los servicios.
Segunda acción en curso: Proyecto del Hospital
de Clínicas y la transformación de la Formación de
los Recursos Humanos para la Salud
Esta importante acción refiere al Proyecto del
Hospital de Clínicas y a un acuerdo formalizado en noviembre del
pasado año entre el MSP, el BID y la Universidad de la República.
En el marco del cumplimiento de este acuerdo se están efectuando
los estudios preparatorios y se han procedido a implementar las primeras
medidas relacionadas con al cambio de gestión del Hospital
Universitario. Por la trascendencia que tienen las actividades del Hospital
de Clínicas sobre la población menos pudiente de Montevideo
e Interior y por la significación futura que tendrán sobre
la salud pública las transformaciones en la formación de
los profesionales de la salud, es que las acciones relacionadas con este
proyecto -que involucra cinco facultades- son motivo de particular atención
por parte de la Universidad en su conjunto.
Tercera acción en curso: Institucionalización
de Areas del Conocimiento Esta tercera refiere a la resolución del
CDC de institucionalización de los agrupamientos de Facultades e
Institutos asimilados a Facultad, en áreas por afinidad temática.
Estas nuevas formas institucionales de coordinación de los servicios,
propenden a una sustancial mejora de gestión de los recursos materiales
y humanos, así como a la implantación de tramos comunes en
los planes de estudio que, previamente, deberán ajustarse en su
duración real al escenario del estudio durante toda la vida. Ello
dará como resultado esperado a corto plazo una considerable simplificación
de la movilidad horizontal de los estudiantes entre carreras afines, una
mayor facilidad para la estructuración de las ofertas de educación
a distancia hacia el interior del país y hacia los estudiantes que
opten por el estudio no presencial y una diversificación de las
ofertas en materia de cursos de post título así como de las
formaciones finales en el primer título universitario.
Cuarta acción en curso: Comisión Consultiva
Social La cuarta refiere a una iniciativa ahora a consideración
de la Asamblea General del Claustro, que respaldo plenamente. Dicha iniciativa
se orienta a la creación de una Comisión Consultiva Social
que funcione como un ámbito de diálogo permanente entre la
Universidad y la sociedad. En ella tendrán representación,
según la propuesta referida, actores políticos y sociales
de significación en la sociedad uruguaya, como lo son los Partidos
Políticos con representación parlamentaria, los trabajadores
y los empresarios organizados, el Congreso Nacional de Intendentes y el
Sector Cooperativo.
Se procura establecer un ámbito no circunstancial,
como suelen ser los ámbitos donde se discuten las iniciativas presupuestales,
con una representación más amplia de actores sociales directos,
ámbito en el cual se canalice información y opiniones sobre
el quehacer universitario, sus debilidades y sus fortalezas.
5. Conclusión
Señores,
en esta intervención hemos intentado recuperar algunas de
nuestras señas de identidad desde los orígenes de la Universidad
150 años atrás, hasta el presente y hemos procurado esbozar
algunas orientaciones de las transformaciones necesarias en nuestra casa
de estudios en un futuro inmediato y mediato.
Hemos formulado estas propuestas de transformaciones
con plena conciencia de la situación nacional y de la complejidad
de los desafíos que hoy afronta el gobierno y que seguramente afrontará
también el elenco gobernante que se instalará a partir de
marzo del próximo año.
Las propuestas aluden a los cambios necesarios para que
la Universidad de la República pueda responder a los desafíos
que el futuro de la sociedad uruguaya le plantea a la educación
superior pública del país.
Creemos que hoy el país debe rescatar el espíritu
que impulsó a los hombres, a todos ellos, que participaron en aquel
proceso fundacional de nuestra Universidad, que comenzó en el año
1833 con la Ley de Larrañaga, siguió en el año 1838
con el Decreto de Creación del Presidente Manuel Oribe y culminó
en 1849 con el Decreto de Instalación del Presidente Joaquín
Suarez cuyo sesquicentenario hoy conmemoramos.
Espíritu que impulsó a darle vida a una
institución de enseñanza superior durante un período
de guerras, en el interior de una ciudad con unas pocas decenas de miles
de habitantes, que vivía un sitio militar, en el marco de dificultades
financieras como nunca conocería el gobierno de esta República
y prácticamente sin los recursos humanos mínimamente calificados
para hacerse cargo de la enseñanza.
Ello muestra, con notable elocuencia, el concepto que
aquellos forjadores de nuestra Universidad de la República tenían
de la enseñanza superior. Para ellos ésta era complemento
necesario e ineludible de la soberanía política. La enseñanza
superior constituía para estos ciudadanos una de las condiciones
imprescindibles de nuestra existencia como nación.
La placa que en el día de ayer colocamos en las
esquinas de las calles Sarandí y Maciel, en el mismo lugar donde
hace 150 años se instaló nuestra Universidad, rinde tributo
al compromiso de estos forjadores con los destinos del país.
Hoy en los albores de una sociedad humana donde el conocimiento
es la llave del futuro, donde, por ello mismo, y tal como lo señalara
la UNESCO, las universidades en el mundo están sometidas a demandas
sociales sin precedentes; creemos firmemente en la vigencia del concepto
de la enseñanza superior pública como poderosa herramienta
de construcción del bienestar de la nación y su gente y por
ello ratificamos hoy, con total convicción, aquel compromiso de
la Universidad de la República con los destinos del país,
asumido hace 150 años por quienes le dieron vida a nuestra institución.
Muchas gracias.