Fotografía de Pedro Figari.
La vida de este
pintor como la de todo creador genuino, tiene sus características
singularísimas. Entre las de Figari se destaca su radical cambio
de ubicación social y oficial, que constituye una excepción
en la existencia de sus notorios compatriotas.
Califica Ortega y Gasset al intelectual de hombre "preocupado", para
el pensador español el político es el hombre "ocupado".
Figari desempeñó las dos actividades, pero puede decirse,
si nos atenemos a la mas objetiva apreciacion de su quehacer, que ha invertido
los períodos tal como la lógica establece y la vida ciudadana
los suele ordenar.
Harto frecuente es el hombre inquieto de ideales o simplemente de nombradía,
en busca de vocación, comience por escarcear en las letras o en
labores artísticas para luego abandonarlas por la prédica
partidaria del político. La verdad es que el hombre opina con mas
facilidad cuando se encuentra requerido y movido por las eventualidades
de los sucesos públicos; mas difícil y de mayor esfuerzo
mental es la labor del artista sumido siempre en la investigación
de nuevas formas, unicamente incitado por sí mismo. Figari describió
la trayectoria opuesta.
Hombre evidentemente social, gozó en su juventud de la simpatía
de los triunfos. Primero fue profesional universitario, sobresaliente en
el derecho penal como defensor de inculpados en causas célebres
de su tiempo; letrado del Banco República; funcionario en el alto
cargo de Inspector de Escuela de Artes y Oficios del país, donde
por sus directivas quiso ensayar el estudio del desarrollo decorativo de
los elementos de la fauna y flora nativas; político que ocupara
la banca de representante nacional. Toda esa actividad social que cumplió
tan destacadamente, llegando hasta abarcar la diplomacia, fue vivida por
Pedro Figari con un parejo interés por las actividades intelectuales
del puro y gratuito ejercicio.
"Candombe",
óleo sobre cartón.
Fue ensayista de la belleza en su libro Arte, Estética, Ideal
publicado en 1912, testimonio de la inquietud de sus problemas creativos
mas generales. Autor de razonamientos sobre belleza o manifestándose
sensiblemente como los poemas "El arquitecto" (1930), su pensamiento
fijado en palabras forma una notable unidad con su plástica, ya
que sus libros pueden ser leídos en su pintura. Los escenarios de
largos horizontes en los que los seres se integran en el paisaje señalan
el credo panteísta como el mensaje último de un artista filósofo.
Comprendiendo como pocos en que grado las artes representan la sabiduría
del pensamiento humano, supo compendiar todas sus ideas fragmentadas en
actividades múltiples en la unidad visual del cuadro pintado. En
su ecuación personal, la pintura iguala la suma de numerosas experiencias
en el trabajo constante y variado de persona culta. Confiarse así
como lo cumplió, con entrega total a las artes, tan llenas de incertidumbre,
tan difíciles para los juicios definitivos, tan proclives al descontento
íntimo de quienes las ejercen; darse enteramente a soltar sus preocupaciones
después de haber realizado un acto heroico.
"Pericón",
óleo sobre cartón, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos
Aires.
Porque este inteligente personaje que conformaba muchos adeptos
a su derredor sabía que por ese tránsito se ubicaba en cierto
modo frente a esa sociedad en el lugar incómodo del inconformista.
Al iniciar decididamente su entrega a la pintura, la conciencia debió
serle clara sobre el destino futuro, pues no podía ignorar su inmersión
voluntaria en el descrédito ante los círculos y mundo oficial
en que actuaba, el abandono total de los halagos fugaces y de la suspención
en su país por un largo lapso de su condición popular de
prohombre, todo lo cual sucedió.
Por otra parte, hasta el momento de su decisión hacia la pintura,
los círculos artísticos a los cuales iría a integrar
no le estimaban mas que como aficionado, como persona destacada, brillante
que amaba la pintura.
En consecuencia, era un aficionado, un "amateur" distinguido. En general
el artísta plástico profesional es condescendiente con el
hombre ilustrado; mas aún con el universitario que le muestra sus
obras. Tiene para él palabras de estímulo, le concede fácil
halago y ha de reparar en menos defectos que el crítico, pero siempre
y cuando no pretenda salir de esa categoría del pintar como entretenimiento.
En una correspondencia del año 1919 enviada al pintor José Cúneo
para felicitarlo por unos recientes cuadros expuestos, Figari se coloca
en una situación de "dilettante". Comprensivo admirador de otros
pintores, declarándose en categoría neófita no reciben
sus pinturas combativas negaciones, como tampoco se divulgan sus méritos.
El estigma del aficionado le acompañó en la consideracion
ajena mas de lo debido; su título universitario molestaba la estimación
profesional de su pintura. Se llamó repetidamente ingenuo a el!
el mas docto y culto de la pintura rioplatense, el artista que trabajo
sobre una organizada visión intelectual -por comprensiva- de su
medio, a la vez que altamente artística.
Cuando Figari estructuró toda la creación de su arte
tras larga meditación y paciente recato, fue a Buenos Aires a producir.
Alli vivió cuatro años pintando sin reposo. Del ejercicio
salió su incomparable estilo, porque en la pintura también
la mano piensa. Figari desde Montevideo parte con su vocación ya
marcada y al instalarse primero en Buenos Aires (1921-1925) y luego en
Paris (1925-1933) mas que buscar el sustento de ideas procura aspirar al
aire inteligente de la comprensión. Creación y producción.
Figari separó perfectamente estos dos tiempos de la obra de los
artistas, que establecen distinciones definitivas y que en el presente
tienen a confundir por el apresurado deseo de uniformidad de expresiones,
considerada como conquista del artista moderno. Todo horizonte que presenta
un pintor señero es recorrido inmediatamente por multitud de colegas
de todos los países sin conciencia de temores.
"El
patio o Patio Unitario", óleo sobre
cartón.
Es verdad que el tiempo universal del arte moderno permite que hoy
se mire a esos soles de frente no bien amanecen, como es cierto que en
otros momentos anteriores se contentaban los pintores colectivistas con
dibujar las espaldas de los astros en declinación. En una rápida
actitud para la liberación de dudas y eliminacion de las angustias
y tedio de las esperas por las nuevas expresiones del devenir, se consume
con apresuramiento en una hora de entusiasmo lo que debería ser
producto de mas larga convicción. Apenas capacitados para la identidad
en la apariencia creativa - desde luego inédita, brusca, llamativa,
poderosamente diferenciada como ocurre con los cambios evolutivos en las
artes actuales - con urgencia que sobrepasa todos los asombros, el artista
produce. Su adhesión es tan total que es imposible detenerlo en
sus ansias. Ya no investiga: produce en esa nueva devoción, nada
aporta ni matiza a la expresión que lo imanta; su pasado, su ayer
inmediato, otro culto anterior lo retiene: produce en la nueva manera y
repite 20 0 30 veces un mismo ejercicio para cumplir la exposición
personal solicitada y responder a las invitaciones de los cada vez mas
numerosos certámenes nacionales e internacionales con rostro diferente.
El igualismo expositor que hoy vemos en las exhibiciones personales
y aún colectivas, estuvo en épocas transcurridas en le producir
del pintor mercader sin sabia ni ingenio y es hoy algo curioso, y a nuestra
manera de ver bastante lamentable que se constituye en práctica
de artistas inquietos, algunos ciertamente valiosos. Diríamos que
de los "especialistas en temas" se ha pasado al "especialista en expresiones",
cambio muy peligroso porque entraña confusión en valores
mas altos. Cuando el arte moderno aún no había cosechado
consideración mas que de una minoría de vigorosos sostenedores
de sus necesarias virtudes de renovación, el proceso de arribo al
momento de la producción, cuando el artista suelta el discurso en
la improvisacion absoluta pero eficaz, era mas lento.
Conciente de sus posibilidades formativas de expresión, le será
así permitido al artista una producción sin límites
que participara toda ella de la comunicación auténtica, sin
caer en la repetición o plagio de sí mismo. Si la creación
requiere una concentración y aislamiento del artista, la producción
se condiciona y facilita por una incitación externa o, mejor aún,
por la toma de conciencia de que existe un interés de verdadera
comprensión por lo que expresa. Figari en tren de divulgarse, de
apoyar el factor extensivo de su mensaje, de ejecutar las necesarias aplicaciones
de sus descubrimientos, de abrir la riqueza de sus variantes, se dirige
a Buenos Aires y allí se instala.
Va en búsqueda de un ámbito propicio que le permita producir,
sin rebajar la condición de libertad en el arte. Es difícil
que una expresión inédita como la suya, especialmente si
es cosmópolis importante, ciudad acústica, se sabrá
comprobar sus resultados expresivos como autónomos y también
advertir la verdad de la forma nueva, sin que le perjudique el achaque
de extravagancia con que puede juzgarlo la opinión de su comarca.
Querer encontrar en ese mismo ámbito un apoyo para seguir expresándose,
pronto hubiera sido caer en un conformismo y resignación de sus
mas bellas condiciones de creador...
"La
Pampa", óleo sobre cartón.
...Los temas de Figari - no el tiempo expresivo - eran ciertamente afines
a los usados por artistas argentinos, y allí completa su repertorio
con interpretaciones de motivos propios del país, como el episodio
de "Barranca Yaco", del retrato del personaje literario "Don Segundo Sombra"
y las danzas provincianas. Encontró en Buenos Aires un medio, una
"elite" culta, acogedora, pero lo suficientemente reciente en el contacto
del artista para apreciarlo como versión totalmente inédita
y respetarlo en su virginidad interpretativa. Una "elite" de alta napa
de la sociedad bonaerense lo sostiene y alienta. Algunos literatos intuyen
su gran aporte a la cultura ciudadana.
Un crítico amigo de los pintores de vanguardia, mas brillante
panfletista que certero de juicio, lo niega y lo befa por su "doctorado",
pero el saldo entre estímulos y rechazos, afirmaciones y negaciones,
es totalmente favorable, porque no son pocas las inteligencias que llegan
al meollo mismo de la intención del creador y le es suficiente a
cualquier artista comprobar que se advierte como cumplida la que fue su
intención inicial. Se reconocía la veracidad de su nuevo
estilo, lo que aportaba como renovación expresiva para una temática
cuyo objetivo documental comenzaba a fatigar. Su primera exposición
en Buenos Aires en 1921 marca una fecha en la misma evolución de
la cultura argentina, considerándosele como precursor evidente del
movimiento "Martinfierrista". Asegurado el interés del hombre culto
de Buenos Aires, Figari fue a afirmar sus propósitos expresivos
en Paris. Esos mismos argentinos y el uruguayo Julio Supervielle le han
de ayudar para ubicarse en la capital de Francia. A la "Escuela de Paris"
perteneció y dentro de ellas al neoimpresionismo...Su pintura ciertamente
influída por Vuillard y Bonnard, marca aportes a esa tendencia de
los "intimistas" franceses no solo en el incuestionable interés
de sus nuevos motivos, sino también en la presencia de esa citada
síntesis que es traducción válida hasta hoy, de la
mayor sencillez y juventud continentales. Figari es uno de los iniciales
y mas conspicuos representantes de un momento de la pintura de Latinoamérica,
después del período documental, que le reconocemos como la
etapa de investigación de un contenido local.
En lo colectivo, es un momento en que el arte de América del
Sur se ve invadido por los pintoresquistas y los cultores del tipismo.
Figari se aisló en su posición; nada reprodujo, nada subrayó:
todo en su pintura fue un comentario. El comentario de Figari, lejos de
ser pirotecnia propagandista del folklores era solera y prosapia rioplatense;
una historia usada, sabia e íntima.
En Buenos Aires, Paris y un último año, en 1934 en Montevideo,
cuando cesa de pintar dejando amontonados a su muerte dos mil quinientos
cartones pintados, es que se realiza su largo relato. Cada cartón
suyo es una palabra de ese enorme mundo experimentado por este, sin duda,
insolitamente culto pintor. Ese hombre universitario y de letras, redactor
de ensayos filosóficos, se convierte en el visualizador por excelencia.
Visualizador es el acto sicológico de pensar en imágenes.
Es el gran visualizador. En el apurado dibujar de sus cartones, los arabescos
están facilitados por los movimientos de su mano, cuya muñeca
gira como "pivot" de increíble huelgo que va describiendo sus invenciones
incesantes.
El iniciador de la pintura uruguaya Juan
Manuel Blanes, discípulo de la Academia Florentina, formula
enteramente su arte; antes de transcurrir un siglo, Figari se presenta
como la antítesis del viejo pintor, con la desformulación
mas total.
En menos de un siglo de existencia, el dibujo uruguayo recorre desde
los vasos de los caballos de la "La escolta del General Maximo Santos"
de Juan Manuel Blanes, todos iguales, hasta las cuatro patas de cualquier
potro clinudo de Pedro Figari, todas diferentes.
"Potros en la Pampa", óleo sobre cartón,
colección Eduardo Constantini.
Como dibujo Figari creó el suyo, tal los armonistas de su época,
aquellos impresionables ya citados que fijaban resoluciones sorpresivas,
solo atentos a sus ocurrencias. No tenía este dibujo, resabio alguno
de la noción académica del acabado perfecto. Es el dibujo
de Figari individualista en grado sumo, desformulado al extremo, pero el
mas convincente para su propósito, el mas preciso para imprecisar
formas y detalles en su deseo de recordacion poética del pasado
sin caer en las anacrónicas reconstrucciones, para poder fundir
cualquier relato suyo en el plano de la leyenda que es la que hace cierta
la relación de las cosas del pasado. De aquí asemejándose
los cuadros de los últimos años por temas, armonías,
señalización de horizontales o disposición de las
figuras en friso, siempre se ha de notar en la interpretación pictórica
de su mundo figurativo una nueva ocurrencia o metáfora de su pincel,
que le quita o le anula la posibilidad de ser calco o repetición.
...Figari - bien lo afirmaba el artista en todas sus conversaciones-
tuvo su tema, cuyos motivos son todos innegablemente parecidos al escenario
del Río de la Plata. Bastante fácil es comprender que en
este aspecto solo puede interesar al uruguayo o al argentino, pero los
temas en pintura empiezan a ser válidos desde las mismas creaciones
de los artistas y no por méritos referenciales que solo atraen a
la gente local; lo que importa afirmar es que Figari creó su tema:
"El país del Doctor Figari" (nombre que dimos a un film sobre su
obra) y que la narración de ese folklore íntimo del artista
interesa a todo el mundo porque se le comprende como extraído desde
dentro del pintor y no como captación externa o pintoresca de las
cosas reales.
Falleció en 1938 el mismo día que el escritor Carlos
Reyles.
Documento tomado de : Las Artes Plásticas del Uruguay : desde la época indígena al momento contemporáneo / José Pedro Argul. -- Montevideo : Barreiro y Ramos, 1966.
Versión de: diciembre de 1997.-