José Artigas


Monumento al General José Artigas Autor: José Luis Zorrilla de San Martín. uruguayo (1891-1975) Inaugurado: 1 de junio de 1949 Ubicación: Frente de la Estación Ferroviaria Gral. Artigas de Montevideo.


Foto tomada de: Estatuas y Monumentos de Montevideo. -- Montevideo : Intendencia Municipal de Montevideo, 1996.


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EL URUGUAY INDIGENA Y ESPANOL

EL URUGUAY INDIGENA Y ESPAÑOL

El Uruguay anterior a su descubrimiento por los españoles en 1516, estaba poblado por unos pocos millares de indígenas a los que el conquistador europeo llamó charrúas, minuanes, bohanes, guenoas, yaros, chanaes y guaraníes; pueblos que también se extendían por los vecinos Argentina y Brasil.

La macro etnia charrúa, mayoritaria, tenía el nivel cultural de los cazadores superiores; los chanaes practicaban también una agricultura incipiente; los enclaves guaraníes conocían formas algo más avanzadas de la agricultura. Pero todos ellos eran fundamentalmente cazadores, canoeros y pescadores. Algunos escasos restos arqueológicos testimonian la práctica de cerámica decorada así como el tallado de la piedra.

La llegada de los europeos y del ganado vacuno y caballar que estos abandonaron a comienzos del siglo XVII en territorio uruguayo, modificaron el hábitat, la demografía y las costumbres de esos indígenas. Convertidos en diestros jinetes cazadores de vacas, terminaron diezmados por la viruela y la persecución del hombre blanco por cuanto su cultura los torno hostiles a las formas de trabajo que trajo el conquistador español.

La tradición historiográfica afirma ser el año 1831 aquel en que desaparecieron los charrúas como entidad demográfica de cierto peso, cuando fueron aniquilados por las tropas del primer gobierno republicano del Uruguay independiente, esa destrucción no impidió que la sangre indígena penetrara en capas de cierta importancia de la población campesina del país, en particular guaraní proveniente del territorio que ocuparon las Misiones Jesuíticas. De cualquier modo, el llamado "exterminio de los indígenas en Salsipuedes" (1831) fundó el mito del Uruguay europeo y blanco que las clases dirigentes del país siempre alimentaron, tanto más cuanto la inmigración transcontinental fue, en efecto, la bases del crecimiento demográfico uruguayo.

La Banda Oriental, designación que los españoles dieron al territorio uruguayo, fue una región de colonización tardía, contemporánea sobre todo de la España de los Borbones en el siglo XVIII. Se pobló por tres motivos fundamentales: la calidad de su pradera natural combinada con la multiplicación del ganado abandonado por los españoles en sus llanuras; las ventajas de Montevideo como único puerto natural del Río de la Plata; y la condición de territorio fronterizo en permanente disputa entre las coronas de España y Portugal.

Las ciudades y villas tuvieron a menudo su origen en la lucha hispano-portuguesa, por ejemplo el primer establecimiento europeo importante, la Colonia del Sacramento portuguesa en 1680, o el Montevideo español fundado entre 1724 y 1750. El carácter de frontera móvil del territorio influyó también en su economía - facilitando el contrabando y la burla del monopolio comercial español - y en la sociedad, ambientando en sus pobladores la actividad ecuestre y el oficio de las armas.

La pradera natural y el ganado vacuno y caballar sin dueño ganaron la estancia - predio dedicado a la ganadería y productor de vacunos - y el estanciero, la figura dominante del medio rural.

Hacia 1700-1800 aparecieron los saladeros que convertían a parte de la carne vacuna de esas estancias en tasajo. Este era carne salada, dura y magra, por lo que la consumían al comienzo sólo los esclavos de Cuba y Brasil. Los saladeros eran una mezcla de estancia e industria asentada en Montevideo. Aunque en 1832 incorporaron la máquina de vapor para producir grasas, la elaboración del tasajo sólo requería la habilidad manual del gaucho enlazador del ganado casi salvaje y la diestra artesania de los peones - hasta 1830 casi todos esclavos negros - cortadores de carne en finas lonjas que luego se salaban y apilaban durante dos o tres días. Luego se practicaba el secado de la carne salada tendiéndola al sol. Esta industria eran en suma una manufactura.

Por el puerto de Montevideo se comerciaba legalmente con España y Buenos Aires (desde 1779), e ilegalmente con el Brasil portugués y las naves europeas que arribaban "forzosamente" a sus playas. Esa actividad generó una renta suficiente para mantener tanto a la burocracia española que gobernaba la Banda Oriental, como a los ricos comerciantes que integraban el cuerpo municipal llamado Cabildo, única e imperfecta escuela de gobierno propio a la que "criollos" tenían acceso. La Banda Oriental formaba parte del Virreinato de Buenos Aires desde su creación en 1776 y una importante zona adyacente lo integraba como Gobernación.

La población - 30.000 habitantes hacia 1800, una tercera parte en Montevideo - estaba dividida tal vez con más claridad en regiones y en razas que en clases.

Montevideo era sede del poder español y de la sociedad jerarquizada en razas y clases. Comerciantes, prestamistas, estancieros ausentistas y altos funcionarios, formaban una clase alta que todavía olía a los orígenes humildes de sus antepasados canarios, vascos y catalanes. Pequeños tenderos, pulperos, militares y funcionarios de baja graduación, y artesanos, integraban un esbozo de clase media. Debajo de todos, el tercio de la población era negra y esclava.

El Interior, el medio rural, era el mundo donde todas las distinciones sociales, que existían tendían a desdibujarse o a amalgamarse con otros rasgos de la economía y de la cultura hasta hacerse muy singulares. Los estancieros latifundistas habían expulsado a anteriores ganaderos más pobres y menos influyentes ante las autoridades españolas. La mayoría de los grandes estancieros no poseían su tierra con títulos de propiedad perfectos.

Muchos sólo habían iniciado el trámite para adquirirla en Buenos Aires y lo habían abandonado, cansados por las demoras de la burocracia borbónica, así como disgustados por su costo que siempre superaba al precio de la tierra. Otros habían pagado tierras a la corona española dentro de determinados límites. Esas estancias, una vez medidas, resultaban tener una superficie mucho mayor que la abonada. Todos estos hechos tornaron a los estancieros dependientes de las resoluciones del Estado español primero y republicano después.

En ese Interior abundaba la población errante, a veces mestiza. La vida era fácil y el alimento casi único y esencial, la carne era gratuito. Este hecho se explica porque la producción era infinitamente superior a una demanda reducida al escaso mercado interno y a los limitados mercados externos cubano y brasileño. La Banda Oriental, con tal vez 6 millones de vacunos y medio millón de yeguarizos, poseía el mayor número de cabezas vacunas y equinas por habitante en el mundo. El "proletariado" rural - el gaucho- era ecuestre (hasta los mendigos andaban a caballo en Montevideo), y tenían el alimento siempre asegurado. Preguntado uno de los líderes de la Revolución de 1811 acerca de sus medios de vida respondió que "cuando necesitaba una camisa se conchavaba" (empleaba), y si no, "paseaba". Para estos campesinos, el trabajo era una opción, no una necesidad. Los latifundistas observaban con fastidio a una mano de obra independiente, que sólo trabajaba cuando el Estado perseguía de tarde en tarde a los "vagos".

Existían tensiones. La autoridad española impedía a los estancieros la libre venta de sus cueros a los comerciantes ingleses y portugueses, y demasiado a menudo los amenazaba con cobrarles las tierras que detentaban. Así lo hizo, por ejemplo en agosto de 1810, meses antes del estallido de la Revolución por la Independencia en febrero de 1811.

A comerciantes y ganaderos molestaba la sujeción a las autoridades políticas, judiciales y mercantiles (Virrey, Real Audiencia y Tribunal del Consulado), residentes en la vecina, competidora y envidiada ciudad de Buenos Aires.

Los gauchos e indios odiaban todas las medidas que provenían del Cabildo de Montevideo o de su Gobernador en procura de la contención del contrabando, la persecución de los "vagos", o la expulsión de los pequeños terratenientes de las grandes estancias. Este último punto había generado resentimientos fuertes. Los pioneros ocupaban los campos, sujetaban a rodeo el ganado abandonado y bravío, construían ranchos y corrales, combatían las incursiones de portugueses y la indiada sobre sus tierras. Y cuando la región se tornaba habitable, aparecía el favorito de Gobernadores y Virreyes, o el rico comerciante bonaerense o montevideano que había comprado esas tierras y lograba una orden de expulsión de los pioneros. Todo el Uruguay se había colonizado así en cuatro o cinco oleadas sucesivas de pioneros que luego habían sido declarados "intrusos" por la autoridad colonial.

Todos estos resentimientos internos y externos (contra España y Buenos Aires), estallaron en 1811, cuando se aflojaron los lazos del control colonial ante la invasión francesa a la metropoli.


documento elaborado por: José Pedro Barrán

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versión de: Setiembre de 1995


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EL URUGUAY PASTORIL Y CAUDILLESCO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX

EL URUGUAY PASTORIL Y CAUDILLESCO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX

Este año el interior se sublevó contra la autoridad española residente en Montevideo. Dirigía la Revolución un capitán criollo del ejército "godo": José Artigas.

La Revolución en un principio acató la autoridad de la Junta de Mayo en Buenos Aires, pero las diferencias políticas, económicas y sociales pronto separaron a los "orientales" de los "porteños". En 1813 el Congreso de Abril proclamó los principios políticos de la Revolución: independencia de España; organización de un vasto estado, confederado primero y federado después, con todas las regiones del ex-virreinato de Buenos Aires; democracia y república. La capital debía estar fuera de Buenos Aires.

En setiembre de 1815, Artigas dictó un Reglamento que repartió las inmensas posesiones de los enemigos de la Revolución, "malos europeos y peores americanos", entre los mas infelices", siendo preferidos los indios, negros libres y "criollos pobres". A cada uno se le entregaría una estancia mediana para la época con la obligación de construir un rancho, dos corrales y sujetar el ganado de rodeo. La aplicación del reglamento fue en parte detenida por la invasión europea de 1816 que luego reseñaremos, pero las confiscaciones de grandes estancias que precedieron a los repartos abonaron el odio que hacia Artigas y sus seguidores comenzó a sentir la vieja clase alta del período colonial.

De 1811 a 1814 los orientales lucharon contra España procurando con el auxilio bonaerense ocupar Montevideo. Pero en enero de 1814, Artigas decidió que el objetivo de la Revolución no podía ser sustituir un "despotismo español", por otro , el bonaerense, y dejó solas a las tropas de Buenos Aires frente a Montevideo. Esta cayó en poder de los porteños en junio. Artigas hizo entonces la guerra a Buenos Aires, auxiliado por las provincias ribereñas del Uruguay y del Paraná, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, seducidas por las ideas federales. La lucha fue desde entonces entre los federales , que eran también republicanos, y los bonaerenses que eran además de centralistas, monárquicos. En 1815, con la victoria de Guayabos, Artigas logró que los porteños devolvieran Montevideo a los orientales, y ese año pudo gobernar todo el país.

De 1816 a 1820 debió enfrentar la invasión de la monarquía portuguesa asentada en Río de Janeiro. Los lusitanos, deseosos de ocupar el territorio oriental que desde temprano disputaron a España, también invadieron por el temor a que el sur del Brasil se contagiara de los principios republicanos y federales. El invasor portugués contó con el beneplácito de Buenos Aires y terminó con derrotar a Artigas en 1820.

El país, arruinado su comercio y su ganadería por nueves años de permanente guerra revolucionaria, quedó en manos portuguesas primero (1820-1822) y brasileñas después (1822-1825). Una porción importante de las clases altas colaboró con el invasor. Este, representado por un hábil general portugués, Carlos Federico Lecor, prometió el orden y la devolución de sus propiedades a los confiscados por Artigas. En 1821, un congreso orientales colaboradores votó la incorporación de la ahora llamada Provincia Cisplatina al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves.

Las autoridades brasileñas, empero, concluyeron por desilusionar a las clases altas e irritar a los demás sectores sociales. Renació con facilidad el sentimiento antilusitano, fuerte en una población de origen español que venía combatiendo los avances portugueses desde el siglo XVII.

Los criollos vieron poco a poco como el invasor portugués prefería a los lusitanos en los repartos de tierras y en las concesiones comerciales. El sostenimiento del ejército de ocupación era gravoso. El autoritarismo de Lecor impidió el menor asomo de autogobierno, ni siquiera cuando la Constitución brasileña de 1824 empezó a regir.

En abril de 1825 se inició la segunda etapa de la Revolución cuando 33 orientales - número y nacionalidad un tanto míticos - invadieron el país y en pocos meses sublevaron todo el medio rural contra los brasileños que siguieron ocupando Montevideo. Luego de las victorias de Rincón y Sarandí, el gobierno de Buenos Aires apoyó oficialmente a los orientales y entró en guerra con el Brasil a fines de 1825.

La nueva Revolución oriental fue encabezada por Juan A. Lavalleja, un caudillo rural, y rápidamente se plegó a ella su par, Fructuoso Rivera.

Sus objetivos eran más modestos que los de Artigas. Si éste quiso la federación y el igualitarismo social, además de la independencia del dominio extranjero, Lavalleja y Rivera se conformaron con liberarnos del Brasil y dejaron confuso, tal vez exprofeso, el carácter de las futuras relaciones de los orientales con Buenos Aires así como la solución del problema de la tierra.

El 25 de agosto de 1825 la Sala de Representantes de la Provincia Oriental declaró en primer lugar la independencia absoluta del país, y luego su unión a las demás provincias.

La guerra con el Brasil culminó con la victoria no decisiva de Ituzaingó en febrero de 1827. Desde meses antes mediaba Gran Bretaña en el conflicto a través de su enviado, Lord Pomsomby. La guerra perturbaba gravemente el comercio inglés con la Argentina debido al bloqueo brasileño del puerto de Buenos Aires. Además, pero sólo en segundo plano, a Gran Bretaña le interesaba fomentar la independencia de un pequeño estado sobre el Río de la Plata que impidiera que las dos orillas fueran argentinas. De tal modo ese río, puerta de entrada al principal sistema hidrográfico navegable de América del Sur, se internacionalizaría y el comercio inglés no podría ser obstaculizado por una Argentina fuerte.

En 1830 una Asamblea electa aprobó la Constitución del nuevo país, llamado oficialmente, "Estado Oriental del Uruguay". El régimen jurídico aseguraba, en apariencia, el orden interno inspirándose en modelos europeos y norteamericanos. El nuevos estado sería republicano y garantizaría los derechos individuales mediante la separación clásica de los tres poderes. El derecho del sufragio se impedia a los analfabetos, peones, sirvientes y vagos, la mayoría de la población. En principio, una minoría acomodada elegiría a diputados y senadores que permanecerían 3 y 6 años, respectivamente, en sus funciones. Estos a su vez, y cada 4 años, designarían al Presidente de la República que no podría ser reelecto, sino una vez transcurrido un período de gobierno. Esta Constitución rigió los destinos del Uruguay hasta 1919.

El país real, sin embargo, se salteó este orden jurídico europeizado. Las guerras civiles dominaron el escenario uruguayo hasta por lo menos 1876. En ellas se gestaron los dos partidos que pasaron a la modernidad y sobrevivieron en el siglo XX: el blanco y el colorado.

Una breve crónica de los principales hechos mostrará las etapas políticas y revelará la "anarquía", expresión que apareció en los escritos de los intelectuales que integraron los efímeros gobiernos, y que afloró en las quejas de las clases poseedoras de riqueza.

El primer presidente constitucional, Fructuoso Rivera (1830-1834) debió soportar tres alzamientos del otro caudillo rural, Juan A. Lavalleja.

Su sucesor, Manuel Oribe (1835-1838), tuvo que combatir dos alzamientos del ex-presidente Rivera. En 1836, en la batalla de Carpintería, los bandos usaron por primera vez las dos divisas tradicionales: el blanco distinguió las tropas del gobierno que se titularon "Defensores de las Leyes", y el celeste primero - el otro color de la bandera uruguaya - y el colorado después, fueron usados por los fieles de Rivera. Un segundo alzamiento de este derrocó al gobierno de Manuel Oribe en 1838. Rivera, auxiliado por la escuadra francesa que deseaba acabar con Oribe, el aliado del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, ocupó Montevideo y se hizo elegir presidente por segunda vez en 1839. Ese año se inició la "Guerra Grande" cuando Rivera declaró la guerra a Rosas quien seguía reconociendo a Manuel Oribe como presidente constitucional del Uruguay. Los dos bandos uruguayos se internacionalizaron. Rivera contó con el apoyo de los enemigos unitarios argentinos y las escuadras francesas e inglesa. Las dos naciones europeas temían que Rosas anexara al Uruguay y deseaban además terminar con el monopolio que sobre la navegación del Paraná ejercía el gobernador de Buenos Aires. Oribe se apoyó en Rosas y puso sitio a Montevideo durante 9 años. (1843-1851).

El conflicto se resolvió cuando se retiraron los europeos e intervino el Imperio del Brasil a favor del Montevideo Colorado. Oribe y Rosas fueron derrotados. A pesar de ello se firmó una paz entre los orientales el 8 de octubre de 1851 por la cual se declaraba que no había ni vencidos ni vencedores.

La atmósfera que siguió a este conflicto fue de fusión entre los partidos. La ruina de la ganadería, el comercio y las fortunas privadas por la larga lucha, ambientó esa política. Pero los dos bandos habían encarnado en la memoria colectiva y la lucha civil se reanudo.

El presidente Blanco Juan F. Giró (1852-1853) fue derribado por un motín del ejército colorado. El nuevo caudillo de este partido, el General y caudillo rural Venancio Flores, gobierno como presidente hasta 1855. En 1856 la fusión y el pretendido olvido de los rencores del pasado llevaron al poder a Gabriel A. Pereira (1856-1860). Bajo su mandato, una fracción del Partido Colorado, llamada Partido Conservador, se alzó en armas y sus jefes fueron derrotados y fusilados en Quinteros por las tropas del gobierno. Entre 1860 y 1864 gobernó el presidente Bernardo P. Berro. Este pretendió continuar con la política de fusión pero los partidos renacieron. En 1863, el General Flores invadió el Uruguay con el apoyo del presidente argentino Bartolomé Mitre y la colaboración final del Imperio del Brasil. Bernardo P. Berro buscó apoyo en el Paraguay para restablecer así decía, el equilibrio en el Río de la Plata. Luego de la caída en manos de Flores de la ciudad de Paysandú (enero de 1865), uno de sus generales mandó fusilar a los más destacados jefes blancos. De este modo ambos partidos tradicionales tuvieron sus mártires y una carga de emotividad que les aseguró larga permanencia.

El triunfo de Flores culminó con su dictadura (1865-1868) y la intervención del Uruguay en la guerra de la Triple Alianza junto a Brasil y Argentina contra el Paraguay. En febrero de 1868, Venancio Flores, que había despertado rencores apasionados, fue asesinado. El mismo día fue ultimado el ex-presidente blanco Bernardo P. Berro. Las tradiciones partidarias se nutrieron de nuevos mártires.

Venancio Flores inició la serie de gobiernos colorados que recién concluyó en 1959. Lorenzo Batlle, su sucesor y presidente constitucional entre 1868 y 1872, debió enfrentar un alzamiento blanco comandado por el caudillo rural Timoteo Aparicio.

Esta revolución fue conocida como de "Las Lanzas" debido al arma que allí se uso de preferencia, lo que testimonia la tecnología militar primitiva de la época. Por su duración (1870-1872) y sus efectos destructivos sobre la riqueza ganadera, es el conflicto civil que mejor puede compararse a la "Guerra Grande". Ambos bandos se reconciliaron en la llamada Paz de Abril de 1872 por la cual los blancos lograron por primera vez coparticipar junto a los colorados en el gobierno. Pero la anarquía persistió hasta 1876 en que el coronel colorado Lorenzo Latorre tomó el gobierno.

Fue por efecto de la lucha y los propios acontecimientos relatados, que colorados y blancos fueron dotándose de ciertos contenidos políticos, sociales y hasta regionales. Las personalidades diferentes y los vínculos sociales distintos de Rivera y Oribe, y el principal de los conflictos citados - la "Guerra Grande" - dieron nueva forma a la oposición colonial entre la Capital y el Interior. Los colorados se identificaron con el Montevideo sitiado, los inmigrantes y la apertura a lo europeo; los blancos, asentados en la campaña sitiadora, se identificaron con el medio rural, sus grandes terratenientes y lo americano-criollo.

Pero estas diferencias no alcanzan para explicar la profundidad del desorden interno que conoció en esos años el Uruguay. Las estructuras sociales, económicas y culturales, así como la tecnología de una civilización pre-industrial, deben ser convocadas para la interpretación del hecho político y completar la imagen del país.

Iglesia Católica, ejército y gran propiedad, los tres pilares del orden conservador en América Latina, eran débiles en el Uruguay.

El alto clero no existía en 1830, recién en 1878 el Uruguay tuvo su primer obispado. El bajo clero era escaso, a menudo extranjero, de escasa formación teologíca y relativo nivel moral. Sin propiedades importantes, su influencia se reducía a representar la religión mayoritaria de la población.

El ejército era pequeño y carecía del monopolio de la coacción física. El habitante del medio rural, que manejaba el caballo, el lazo y el cuchillo para trabajar en las faenas rurales, se transformaba a la menor insinuación de sus líderes, en rebelde activo y soldado competidor del profesional.

La gran propiedad, que dominaba la estructura agraria, no estaba asentada. Los poseedores del período revolucionario lucharon contra los viejos propietarios - a menudo ellos también con títulos de propiedad imperfectos - de la colonia. El gobierno debió ser el árbitro de estas tensiones que a menudo se trasvasaron a la lucha entre blancos y colorados, mas afines los primeros a los grandes propietarios y los segundos a los grandes y pequeños poseedores. El lugar social, entonces, dependió del Estado más que el Estado de la clase terrateniente.

Los medios de comunicación y transporte eran los de una civilización ganadera. Un hombre bien montado y con caballos de relevo, podía comunicar Montevideo con San Fructuoso, villa a 400 kilómetros de distancia, en dos días, pero el servicio regular de diligencias, recién organizado a partir de 1850, tardaba por lo menos 4 o 5 días si los ríos y arroyos daban paso y no estaban crecidos. Las carretas que transportaban cueros y lanas tardaban un mes. El ganado fluía a los saladeros por sus propios medios y daba vida a la actividad de un personal especializado en su conducción, el tropero. La agricultura, en cambio, dependía de la pesada y costosa carreta por la que se desarrolló únicamente en torno a las ciudades consumidoras. Sólo la región del litoral, sobre el río Uruguay, gozó de mejores comunicaciones ya que Salto se ligó a Montevideo desde 1860 por líneas de vapores que recorrían la distancia en 3 días.

Mantener el control de la campaña desde la excéntrica Montevideo era muy difícil con este sistema de comunicaciones y transportes. Cuando la noticia de la revolución rural llegaba a la Capital, la subversión ya había tomado cuerpo. Los diversos ejércitos gubernamentales incluso tenían dificultades para conocer sus posiciones y combinar esfuerzos contra los rebeldes, como sucedió por ejemplo, con los colorados durante la "Revolución de las Lanzas".


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EL NACIMIENTO DEL URUGUAY MODERNO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

EL NACIMIENTO DEL URUGUAY MODERNO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

Los gobiernos de los militares colorados Lorenzo Latorre (1876- 1880), Máximo Santos (1882-1886) y Máximo Tajes (1886-1890), fueron los que asentaron el poder central, dominaron a los caudillos rurales y tornaron los alzamientos sino imposibles, difíciles.

El Estado y el ejército gozaron desde ese momento del monopolio de la coacción física, en parte porque el armamento era ya costoso y de difícil manejo para los gauchos - el fusil Remington de repetición y la artillería Krupp hicieron su aparición - ; en parte porque los medios de comunicación (telégrafo) y transportes (ferrocarril) fortalecieron el poder montevideano; en parte porque la sociedad y la economía estaban cambiando y se oponían a las costosas rebeliones del pasado.

También contribuyó el afianzamiento de la paz interna el fortalecimiento del sentimiento nacional que ya no admitió la internacionalización de los partidos uruguayos y sus alianzas con los federales y unitarios argentinos o los bandos brasileños. La unificación de la Argentina y el Brasil, en torno a Buenos Aires y Río de Janeiro, hizo que poco a poco desaparecieran los llamados desde esas naciones a participar en las luchas internas. Desde este ángulo, la "Revolución de las Lanzas" (1870-1872) fue la primera guerra civil puramente uruguaya.

A los militares sucedieron los gobiernos civiles, presidencialistas y autoritarios, de Julio Herrera y Obes (1890-1894) y Juan Idiarte Borda (1894-1897). Al exclusivismo colorado y sus manipulaciones electorales respondieron las revoluciones blancas capitaneadas por el caudillo rural Aparicio Saravia. Su levantamiento en 1897 fue la base de un gobierno colorado de compromiso con los blancos, el de Juan L. Cuestas (1897-1903).

Electo José Batlle y Ordóñez en 1903, Aparicio Saravia dirigió en 1904 la última gran revuelta rural. Pero estas dos revoluciones difieren de las anteriores: el programa de reivindicaciones políticas tendió a crecer sobre la mera adhesión a la tradición partidaria, y así, en 1897 y 1904, los blancos alzaron las modernas banderas del respeto a la voluntad popular en las elecciones y la representación proporcional de los partidos en el Poder Legislativo.

La paz interna y el fuerte gobierno central montevideano estuvieron vinculados a paralelas transformaciones que ocurrieron en la demografía, la economía, la sociedad y la cultura del Uruguay.

El Uruguay de 1830 apenas contaba con 70.000 habitantes. El de 1875 poseía ya 450.000 y el de 1900 un millón. El espectacular crecimiento - la población se multiplicó por 14 en 70 años - no tenía parangón en ningún país americano. La alta tasa de natalidad dominante hasta 1890 - 40/50 por mil habitantes - se había unido a una relativamente baja tasa de mortalidad - 20/30 por mil - para ambientar este hecho , pero el factor crucial de la revolución demográfica fue la inmigración europea.

Franceses, italianos y españoles hasta 1850, italianos y españoles luego, llegaron en 4 o 5 oleadas durante el siglo XIX. La inmigración fue temprana en relación a la más tardía que arribó a la Argentina, y sobre todo fue cuantiosa en relación a la muy pequeña población existente en 1830. De 1840 a 1890, Montevideo poseyó de un 60 a un 50 % de población extranjera, casi toda europea. El Censo de 1860 mostró un 35% de extranjeros en todo el país, y el de 1908 redujo esa cifra al 17%.

Los europeos - y brasileños - , con valores diferentes a los de la población criolla, sobre todo los primeros, más proclives al espíritu de empresa y al ahorro; protegidos por sus cónsules durante las guerras civiles y recompensados siempre por sus pérdidas por el estado uruguayo amenazado desde el exterior, se convirtieron hacia 1870-1880 en los principales propietarios rurales y urbanos, como poseían el 56% del total de la propiedad montevideana y el 58% del valor de la propiedad rural.

Los inmigrantes europeos fueron también los iniciadores de la industria de bienes de consumo al grado que en 1889 controlaban el 80% de esos establecimientos. Los inmigrantes, hostiles por lo general a las disputas entre blancos y colorados, exigieron la paz interna.

La estructura económica se modificó. El ovino se incorporó a la explotación del vacuno en la estancia de 1850-1870. De acuerdo al censo de 1852, la existencia ovina se reducía a 800.000 cabezas que daban de 400 a 500 gramos de lana criolla por cabeza, sólo apta para colchones. En 1868 la existencia se estimó en 17 millones que rendían 1,150 gramos de lana merino por cabeza, pues ya se había iniciado el mestizaje con ejemplares procedentes de Francia y Alemania. La lana suple al cuero como principal producto de la exportación uruguaya en 1884 de ahí en adelante, hasta que apareció con vigor la carne congelada en 1910-1920, la lana fue el principal rubro de ventas al exterior.

Esta transformación fue ambientada por el alto precio de la lana en el mercado internacional, debido sobre todo a la desaparición de la fibra competitiva, el algodón, a raíz de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865).

El ovino que podía ser explotado en campos de pasturas de calidad inferior y exigía 5 veces menos tierra por unidad que el vacuno, sirvio de base al desarrollo de la clase media rural. También requería en los comienzos, un incremento de mano de obra. El estanciero poseía ahora además del vacuno criollo que casi solamente adquiria valor por su cuero, el lanar, que el mercado europeo siempre compraba a buen precio.

El Uruguay de fines del siglo XIX tuvo así características económicas que lo singularizaron en el contexto latinoamericano. Producía alimentos - la carne - y satisfacía otras dos necesidades básicas del hombre, su calzado, con el cuero, y su vestimenta con la lana. Sus mercados externos se habían diversificados en vez de tender a la dependencia de un solo comprador. Brasil y Cuba consumían su tasajo; Francia, Alemania y Bélgica, sus lanas; y Gran Bretaña y Estados Unidos, sus cueros. Al comprarle Europa mercaderías que ella también producía, el Uruguay gozó de una renta diferencial elevada, por cuanto Europa mantenía sus ganados con más altos costos de explotación.

Estimaciones recientes del ingreso per cápita en el siglo XIX, realizadas en base al 15% de las exportaciones, permiten sospechar un elevado ingreso en el Uruguay de 1870-1900 - 317 dólares per cápita en 1881-1885, por ejemplo comparable y superior al de los Estados Unidos y muy superior al atribuído al Brasil.

Debemos anotar también que el librecambio británico - y europeo en general - fue una pieza esencial de este sistema económico en el cual el Uruguay vendía a Europa mercaderías que competían con su producción agraria. Mientras ese libre cambio duró - y lo hizo hasta la crisis mundial de 1929 - Uruguay tuvo un lugar económico seguro y rentable en el mundo.

Al ovino siguió el acercamiento de las estancias. Estas fueron alambradas entre 1870 y 1890 tanto para asegurar al propietario el uso exclusivo para sus ganados de las pasturas, como para permitir el mestizaje del ovino y el vacuno con razas europeas. El cerco dejó desocupada a la mano de obra que antes custodiaba el ganado y generó un problema insólito de hambre y miseria rural. Esta desocupación tecnológica se convirtió paradojalmente en un buen caldo de cultivo para las últimas guerras civiles de fines del siglo XIX y principios del XX.

Ovino y cercamiento, dos enormes inversiones aumentaron la necesidad de orden interno que tenían los estancieros. Los terratenientes protagonistas de estos cambios se agremiaron y fundaron la Asociación Rural en 1871, con el fin de imponer la paz interna a toda costa.

Paralelamente ocurrieron transformaciones en el medio urbano. A partir de 1860 comenzaron las primeras inversiones extranjeras, sobre todo británicas. Fueron los avanzados entre 1863 y 1865, la fábrica Liebig en la industria de carnes, y en las finanzas el Banco de Londres y Río de la Plata y el primer empréstito del gobierno uruguayo de los inversores en la City Londinense. En 1884 se estimó en 6,5 millones de libras el total de las inversiones británicas; en 1900 ya eran 40. Los ingleses ya habían construído los ferrocarriles - la primera línea fue inaugurada en 1869 y en 1905, el kilometraje total alcanzaba los 2000 - invertido en los servicios públicos de Montevideo (agua corriente, gas, teléfonos, tranvías) e incrementando sus empréstitos al gobierno y su intervención casi monopólica en el mercado de los seguros.

En el caso de los ferrocarriles, los capitalistas ingleses obtuvieron importantes concesiones del gobierno uruguayo que deseaba ese medio de transporte a cualquier costo con tal de poder utilizarlo para doblegar las revueltas rurales. La mayoría de las líneas gozaron de un interés garantido del 7% del capital ficto de 5.000 liras por kilómetro de vía férrea, lo que ocasionó la construcción de inútiles curvas y tal vez de un 10 a un 5% de kilometraje superfluo. El Estado solo podía intervenir en la fijación de las tarifas si las ganancias de las empresas superaban el 12%, cifra a la que naturalmente nunca llegaron.

El ferrocarril fue esencial para que el gobierno central pudiera controlar el interior. Cuando en 1886 el Río Negro fue cruzado por un puente ferroviario, el Uruguay, que siempre había estado dividido en dos mitades en invierno, se unificó.

Este medio de transporte, así como las otras compañías inglesas instaladas en Montevideo, generaron una corriente de antipatía popular por sus elevadas tarifas y deficientes servicios. El monopolio que usufructuaba el ferrocarril, la empresa de aguas corrientes, la del gas y el oligopolio de las compañías de seguros, contribuyeron a fomentar dudas en la clase política ya en 1890 acerca de los beneficios que acarreaba al Uruguay el capital extranjero no vigilado por el Estado.

Por eso la ley de 1888 instituyó un control estricto de la contabilidad de las empresas ferroviarias y en 1896 se fundó el primer banco del Estado: " Banco de la República Oriental del Uruguay".

Todos estos inversores, como es casi obvio, exigían la pacificación interna del Uruguay, pues las utilidades de la empresas extranjeras y el cobro de los intereses de la deuda del gobierno uruguayo, por ejemplo, estaban ligados a la marcha pacífica y próspera del país.

La inversión británica en el Uruguay, aunque pequeña comparada con la totalidad de las imperiales en el mundo, era cuantiosa comparada con el capital industrial uruguayo. El Uruguay ocupaba el quinto lugar en la cuantía del capital inglés invertido en América Latina, teniendo los primeros puestos Argentina, México, Brasil y Chile. Pero si dividimos la inversión extranjera por el número de los habitantes del país latinoamericano receptor, el quinto lugar se transforma en segundo, sólo detrás de Argentina.

Luego en 1875, el crecimiento demográfico y la legislación aduanera proteccionista ambientaron el nacimiento de la industria moderna. Incipiente y desarrollada sólo en la provisión de bienes de consumo (alimentos, bebidas, muebles, tejidos, cueros), generó tanto un patronato deseoso de orden como un proletariado, numericamente exiguo, pero hostil al enganche en las filas de los ejércitos blancos y colorados.

La sociedad uruguaya, resultante y promotora a la vez de estos cambios, fue muy distinta a la de la primera mitad del siglo XIX. Las clases se diferenciaron con claridad, la dueña de la tierra era compleja, pues al lado del latifundio se consolidó la propiedad mediana con la explotación del ovino. El censo de 1908 permite deducir que los predios de 100 a 2.500 hectáreas, asimilables a estancias de la clase media rural, ocupaban el 52% de la superficie apta, y que 1391 predios de más de 2501 hectáreas - los latifundios - ocupaban el 43% de esa superficie. Este era el fruto de una larga evolución histórica que salvo a la gran propiedad pero la obligó a cohabitar con una importante clase media rural. Las guerras de la independencia y las civiles con su cortejo de ruina ganadera, robos de haciendas e interrupción de la producción, tuvieron otra consecuencia importante: la titularidad de la propiedad cambio de manos velozmente en el siglo XIX. El latifundio existía en 1900 pero los latifundistas ya no eran los mismos del período colonial o de los primeros años del Uruguay independiente. La clase alta olía a nuevos ricos. Eso disminuyó su poder y su prestigio en el seno de la sociedad.

Los estancieros gozaban en 1900 de la posesión de dos monopolios: la tierra y la carne, valorizadas ambas con los avances de la industria saladeril y sobre todo con la fundación en 1905 del primer frigorífico exportador de carnes congeladas a Europa.

El proletariado rural ya no podía optar entre la vagancia y la labor en las estancias, ahora debía trabajar para alimentarse. Los desocupados miserablemente en los llamados "pueblos de ratas", cambiando su anterior dieta carnívora por ensopados de escaso valor nutritivo. El servicio doméstico o la prostitución para las mujeres; el peonaje, la esquila, el contrabando y el robo de ganado para los hombres, fueron las actividades del gaucho moderno. Pero, ya empezó a emigrar a las ciudades.

En Montevideo, la aparición de la "cuestión social" fue la novedad. Aunque el ascenso social aún era posible, las condiciones de vida del proletariado industrial eran duras. Las jornadas de 11 o 15 horas ambientaron la prédica anarquista y la fundación de los primeros sindicatos hacia 1875. El viejo temor de la clase empresaria a la subversión blanca, fue poco a poco sustituído por su nuevo miedo a la revolución social.

Ocurrieron cambios también en el orden cultural y mental. La Universidad abrió sus puertas a los estudios de abogacía en 1849, a los de Medicina en 1876 y a los de Matemáticas en 1888. En 1877, el gobierno del coronel Latorre, inspirado por José Pedro Varela, decretó una importante reforma en la enseñanza primaria, volviéndola obligatoria y gratuita y otorgándole recursos para su desarrollo. La tasa de analfabetismo que era elevadísima, comenzó a descender. El deseo de incrementar la actividad política de los habitantes y a la vez prepararlos mejor para el nuevo orden económico estuvo detrás de esta transformación.

El Uruguay también secularizó sus costumbres y su cultura. En 1861 la Iglesia Católica comenzó a perder su jurisdicción sobre los cementerios; en 1879 el estado decidió llevar los Registros del Estado Civil aunque admitió que el casamiento religioso precediera al civil. En 1885 se instituyó el matrimonio civil obligatorio y este debió celebrarse antes que la ceremonia religiosa. En 1907 se aprobó la primera ley de divorcio.

A pesar de que en las escuelas del Estado, aún se aprendía el catecismo, la hostilidad de las autoridades y muchos maestros, redujo esa educación al mero aprendizaje de memoria del Catecismo, sin ninguna explicación previa. En 1909 fue suprimido por completo este resto de enseñanza religiosa.

La juventud universitaria, hecho tal vez más significativo que los anteriores, se embarcó primero en el espiritualismo ecléctico (1850-1975) y luego de esa fecha en el positivismo y el agnosticismo, cuando no el ateismo. La Iglesia Católica se sintió perseguida y reaccionó, pero el grueso de las clases dirigentes y buena parte de la población o siguieron hostilizándola o la miraron con indiferencia. De acuerdo al censo de 1908, los católicos ya no eran la mayoría absoluta entre los hombres nativos de Montevideo. Su 44% era seguido muy de cerca por un 40% de hombres nativos que se habían declarado liberales.

Otro signo de la modernidad fue la aparición de un nuevo modelo demográfico. La natalidad comenzó a decrecer ya en 1890, la edad promedio del matrimonio femenino ascendió de 20 a 25 años, y comenzaron a aparecer las primeras formas de control artificial de la natalidad, denunciadas con vigor por el clero católico.

De este modo llegó al siglo XX el país mas tempranamente europeizado de América Latina.


documento elaborado por: José Pedro Barrán

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versión de: Setiembre de 1995


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URUGUAY SIGLO XX

URUGUAY SIGLO XX

En la historia del Uruguay en el siglo XX se distinguen cuatro etapas:

La primera etapa es fundacional y parece clave para explicar algunas de las características y la mentalidad dominantes en el país hasta muy avanzado el siglo.

La figura de José Batlle y Ordóñez (1856-1929) domina políticamente este período.

Presidente en dos oportunidades (1903-1907), (1911-1915), signo con sus ideas y a la vez expresó la sociedad de clases medias que estaba naciendo al amparo de la prosperidad económica y la facilidad del ascenso social.

La economía vio aparecer nuevas formas industriales que valorizaron plenamente la producción de carnes al refrigerardas y venderlas a Europa (el primer frigorífico es de 1905), lo que tuvo consecuencias políticas pues alejó definitivamente el fantasma de las viejas guerras civiles entre blancos y colorados ya que los estancieros se oponían ahora a ellas por destructoras de bienes con valor de mercado.

La intervención estatal comenzó. La gestión financiera del Estado (Banco de la República, 1896 y Banco Hipotecario, 1912), comercial (Banco de Seguros, 1911), e industrial (energía eléctrica y teléfonos, 1912, combustibles y petróleo, 1931), se constituyó en un elemento definitorio de la relación entre sociedad civil y Estado en todo el siglo XX.

La democracia política, obra, en la que sobresalió más la oposición política que el partido colorado en el gobierno, se afianzó con el logro del voto secreto y la representación proporcional establecidos en la Constitución de 1917, la pureza electoral garantizada por las leyes de 1924, y una atmósfera de tolerancia fundada en parte en la imposibilidad tanto de las personalidades políticas como de los partidos en que se dividía la opinión , de hegemonizar a la opinión pública.

En lo social, el Uruguay vivió una época de legislacion del trabajo, protectora de los obreros y otros sectores populares (la ley de 8 horas fue aprobada en 1915) y de garantías para el retiro de los trabajadores establecidas por diferentes leyes que fundaron Cajas de Jubilaciones para casi todos los oficios en los años 20.

Demograficamente el país, que contaba con 1.042.000 habitantes según el Censo realizado en 1908, apenas duplicó su población en 1930, estimada en 1.900.000. El descenso de la tasa de mortalidad fue muy significativo y se debió sobre todo al avance del nivel de vida de la población y a las medidas higiénicas que el gobierno adoptó. El descenso relevante de la tasa de natalidad convirtió al Uruguay, probablemente en el primer país de América Latina que obviamente controlaba sus nacimientos.

La difusión de la cultura (la tasa de analfabetismo también descendió y se expandió la Enseñanza Secundaria en el interior del país), la facil recepción de los modelos demográficos europeos por una población de origen inmigratorios, la mentalidad prudente de las dominantes clases medias, todo ello explica que en 1930 el Uruguay tuviera de sí mismo la imagen de un país moderno, europeizado y escasamente latinoamericano. Un dato mas contribuía a acentuar esta imagen: la cultura y la enseñanza se habían secularizado y la influencia de la Iglesia Católica era escasa al grado de que sin mayores repercusiones sociales, ni políticas el Estado y la Iglesia se separaron por la Constitución de 1917.

La ley de divorcio por causal, la primera aprobada, fue en 1907 y la mujer obtuvo en 1913 la ley de divorcio "por su sola voluntad". En 1932 logró el derecho al sufragio.

La crisis económica mundial iniciada en 1929 en Estados Unidos, repercutió en el Uruguay a partir de 1930-31. El descenso del precio de las materias primas y alimentos que el Uruguay exportaba, y las restricciones del comercio internacional, generaron aumento de la desocupación y caída del ingreso.

La lucha por la distribución del mismo se acentuó entre los grupos sociales y el reformismo social batllista fue enjuiciado duramente por ineficaz y populista por las gremiales de estancieros y comerciantes que criticaban el peso impositivo de un Estado que no controlaban.

El Presidente de la República electo en 1931, Gabriel Terra, oyó estas demandas de las clases altas y con el apoyo de algunas fracciones de los dos partidos tradicionales dio un golpe de Estado el 31 de marzo de 1933, disolviendo el Poder Legislativo y la parte colegiada del Poder Ejecutivo, el Consejo Nacional de Administración.

Este golpe y el gobierno resultante, de Terra, hasta 1938, aunque represor del movimiento obrero y los partidos de izquierda y "progresistas", y desconocedor en muchos planos, de los derechos individuales, demostró también la originalidad de la historia uruguaya. El golpe había sido protagonizado por un presidente civil y dado con la aprobación del ejército pero sin su intervención directa, había contado con el apoyo de arte de los partidos políticos tradicionales y además, procurado la legitimación inmediata de las urnas convocando a elecciones ya en 1933.

La lenta recuperación de la economía mundial, el peso en la sociedad toda de las tradiciones democráticas, y el alineamiento del Uruguay con los Aliados enemigos del nazi-fascismo en la II Guerra Mundial (1939-45), determinaron la recuperación plena de la vida institucional democrática con las elecciones de noviembre de 1942 en las que fue electo presidente Juan José de Amézaga (1943-1947).

Bajo el gobierno de Luis Batlle Berres (1947-1951), la prosperidad económica se consolidó por los crecientes beneficios que deparó a las exportaciones uruguayas la guerra de Corea (1950-1953). En 1952 se adoptó una nueva Constitución que implantó una estructura colegiada de nueve miembros para el Poder Ejecutivo, seis de ellos para el partido mayoritario y tres para el que le siguiera en votos.

La intervención del Estado en la economía recibió un nuevo impulso con la nacionalizacion de las empresas británicas (ferrocarriles y aguas corrientes, 1949). En realidad, Gran Bretaña pagó de esa manera al Uruguay la deuda que había contraído por el suministro de carnes uruguayas durante la II Guerra Mundial.

La prosperidad económica y el impulso del gobierno de este segundo batllismo consolidaron un vigoroso crecimiento de la industria de sustitución de importaciones y el número de obreros aumento con espectacularidad.

Otra vez, el país de los años 50 parecía recordar al país de los años 20. El desarrollo cultural era muy importante y el analfabetismo tendía a desaparecer. Desde el gobierno se insistía en que el Uruguay era la Suiza de América, tanto por la continuidad de su democracia, como por la fuerza de su clase media y hasta por el Ejecutivo Colegiado que lo regía.

La tercera etapa de la historia del Uruguay en el siglo XX (1959- 1985), estuvo caracterizada por la crisis y el estancamiento económico y, en sus años finales (1973-1985), por la caída de las instituciones democríticas y la instalación de una dictadura militar, aparentemente insólita, observadas las características de la historia de la larga duración en el Uruguay, pero reveladora de la gravedad de la situación.

Las modificaciones de la economía mundial, en especial la formación del Mercado Común Europeo (1957) y la sustitución de la hegemonía británica por la estadounidense en América Latina, dejó a las producciones exportables uruguayas a la deriva. El país, por ejemplo, dependía financieramente de una nación (EEUU.) con una economía competitiva y no complementaria de la suya, mientras su tradicional mercado europeo se cerraba a sus carnes. El estancamiento de la ganadería y el fin del proceso de industrialización, completaron el panorama negativo que se tradujo en una disminución permanente del ingreso.

Los diversos sectores sociales, los sindicatos obreros y de empleados públicos, y las gremiales empresariales, lucharon entre sí por la distribución de una riqueza cada día menor en medio de una inflación que nada parecía detener.

Los partidos tradicionales se alternaron en el poder (gobiernos blancos de 1959 a 1967 y colorados de 1967 a 1973) y se fraccionaron. La izquierda se unificó y surgió así el Frente Amplio en 1971. El gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972) funcionó ya dentro de esquemas autoritarios pues decretó la suspensión de las garantías individuales casi durante todo su mandato y, del otro lado, ciertos sectores de la izquierda con el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) a la cabeza, también descreyeron del sistema democrático impulsando la lucha armada.

El proceso de deterioro de las instituciones fue vivido dramáticamente por una sociedad que sólo con lentitud dejó de tener fe en ellas, y culminó con el Golpe de Estado que las Fuerzas Armadas protagonizaron el 27 de junio de 1973, disolviendo las cámaras legislativas y asumiendo, bajo la cobertura del presidente civil Juan María Bordaberry (1972-1976), la totalidad del poder público hasta febrero de 1985.

Los 12 años de la dictadura militar estuvieron signados por la represión de todas las fuerzas políticas, particularmente dura con las de izquierda, por el encarcelamiento de todos los dirigentes sindicales y la prohibición de la actividad gremial a obreros y empleados, y por la expulsión de los funcionarios públicos, especialmente los docentes, sospechosos de cualquier inclinacion izquierdista.

Desde el punto de vista económico, el gobierno militar, asesorado por técnicos de ideas neoliberales, procedió a cierta apertura de la economía al exterior, procurando atraer al capital extranjero y limitar la intervención del Estado. El deterioro del salario real tuvo consecuencias imprevistas en un gobierno conservador ya que forzó la entrada masiva de la mujer al mercado del trabajo fuera del hogar, estrategia familiar de sobrevivencia que adoptaron los sectores populares y la clase media.

Las resistencias de la sociedad al régimen militar tuvieron su expresión más clara en el rechazo de la Constitución autoritaria que el gobierno promovía, ocurrido en el plebiscito del 30 de noviembre de 1980 cuando "el NO" recogió el 57,2% del total de sufragios, y eso en medio de una censura militar casi completa de los medios de comunicación.

La crisis financiera y económica de 1982, que aceleró la inflación y sobre todo la desocupación, y esas resistencias sociales aludidas, que también condujeron a la reorganización del movimiento sindical, llevaron a los militares a ceder el poder a la sociedad civil, aunque con ciertas limitaciones, de las que dio cuenta el llamado Pacto del Club Naval concluído el 3 de agosto de 1984.

En elecciones en que hubo candidatos todavía vetados por las Fuerzas Armadas, surgió como presidente constitucional el líder colorado Julio Maria Sanguinetti. Bajo su presidencia (1985-1990) y la de su sucesor, Luis A. Lacalle (1990-1995) se fortificaron las instituciones democráticas, el clima de tolerancia recíproca renació y políticamente el país tendió a dividirse en tercios: colorados, blancos y frenteamplistas.

Los militares lograron que la Ley de Caducidad y el posterior referendum popular que la consolidó (1989) impidiera su persecucion judicial ante las violaciones de los derechos individuales acaecida bajo la dictadura.

En 1991, el Uruguay paso a fundar e integrar el Mercosur, alianza económico aduanera que lo incluye junto a Brasil, Argentina y Paraguay.

En 1995, la población del país alcanza los 3 millones de habitantes, acentuándose el rasgo ya advertible en los comienzos del siglo XX, el escaso crecimiento natural de su población, debido sobre todo al alto grado de control de la natalidad que practican sus habitantes. La tasa de analfabetismo representa apenas el 4,25 de la población del país. La calidad de vida de la mayoría de los habitantes es una de las mas altas de América Latina, aventajada solo en ciertos rubros, por Costa Rica, Cuba y Argentina, siendo la esperanza de vida al nacer de 71 años y fracción. La mayoría de sus habitantes es considerada católica por las estimaciones de esta Iglesia, pero el numero de sacerdotes no sobrepasa los 700. La tasa de divorcios es alta, similar a la de las naciones europeas.


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En la historia del Uruguay en el siglo XX se distinguen cuatro etapas:

La primera etapa es fundacional y parece clave para explicar algunas de las características y la mentalidad dominantes en el país hasta muy avanzado el siglo.

La figura de José Batlle y Ordóñez (1856-1929) domina políticamente este período.

Presidente en dos oportunidades(1903-1907), (1911-1915), signo con sus ideas y a la vez expresó la sociedad de clases medias que estaba naciendo al amparo de la prosperidad económica y la facilidad del ascenso social.

La economía vio aparecer nuevas formas industriales que valorizaron plenamente la producción de carnes al refrigerarlas y venderlas a Europa (el primer frigorífico es de 1905), lo que tuvo consecuencias políticas pues alejó definitivamente el fantasma de las viejas guerras civiles entre blancos y colorados ya que los estancieros se oponían ahora a ellas por destructoras de bienes con valor de mercado.

La intervención estatal comenzó. La gestión financiera del Estado (Banco de la República, 1896 y Banco Hipotecario, 1912), comercial (Banco de Seguros, 1911), e industrial (energía eléctrica y teléfonos, 1912, combustibles y petróleo, 1931), se constituyó en un elemento definitorio de la relación entre sociedad civil y Estado en todo el siglo XX.

La democracia política, obra, en la que sobresalió más la oposición política que el partido colorado en el gobierno, se afianzó con el logro del voto secreto y la representación proporcional establecidos en la Constitución de 1917, la pureza electoral garantizada por las leyes de 1924, y una atmósfera de tolerancia fundada en parte en la imposibilidad tanto de las personalidades políticas como de los partidos en que se dividía la opinión , de hegemonizar a la opinión pública.

En lo social, el Uruguay vivió una época de legislacion del trabajo, protectora de los obreros y otros sectores populares (la ley de 8 horas fue aprobada en 1915) y de garantías para el retiro de los trabajadores establecidas por diferentes leyes que fundaron Cajas de Jubilaciones para casi todos los oficios en los años 20.

Demograficamente el país, que contaba con 1.042.000 habitantes según el Censo realizado en 1908, apenas duplicó su población en 1930, estimada en 1.900.000. El descenso de la tasa de mortalidad fue muy significativo y se debió sobre todo al avance del nivel de vida de la población y a las medidas higiénicas que el gobierno adoptó. El descenso relevante de la tasa de natalidad convirtió al Uruguay, probablemente en el primer país de América Latina que obviamente controlaba sus nacimientos.

La difusión de la cultura (la tasa de analfabetismo también descendió y se expandió la Enseñanza Secundaria en el interior del país), la facil recepción de los modelos demográficos europeos por una población de origen inmigratorios, la mentalidad prudente de las dominantes clases medias, todo ello explica que en 1930 el Uruguay tuviera de sí mismo la imagen de un país moderno, europeizado y escasamente latinoamericano. Un dato mas contribuía a acentuar esta imagen: la cultura y la enseñanza se habían secularizado y la influencia de la Iglesia Católica era escasa al grado de que sin mayores repercusiones sociales, ni políticas el Estado y la Iglesia se separaron por la Constitución de 1917.

La ley de divorcio por causal, la primera aprobada, fue en 1907 y la mujer obtuvo en 1913 la ley de divorcio "por su sola voluntad". En 1932 logró el derecho al sufragio.

La crisis económica mundial iniciada en 1929 en Estados Unidos, repercutió en el Uruguay a partir de 1930-31. El descenso del precio de las materias primas y alimentos que el Uruguay exportaba, y las restricciones del comercio internacional, generaron aumento de la desocupación y caída del ingreso.

La lucha por la distribución del mismo se acentuó entre los grupos sociales y el reformismo social batllista fue enjuiciado duramente por ineficaz y populista por las gremiales de estancieros y comerciantes que criticaban el peso impositivo de un Estado que no controlaban.

El Presidente de la República electo en 1931, Gabriel Terra, oyó estas demandas de las clases altas y con el apoyo de algunas fracciones de los dos partidos tradicionales dio un golpe de Estado el 31 de marzo de 1933, disolviendo el Poder Legislativo y la parte colegiada del Poder Ejecutivo, el Consejo Nacional de Administración.

Este golpe y el gobierno resultante, de Terra, hasta 1938, aunque represor del movimiento obrero y los partidos de izquierda y "progresistas", y desconocedor en muchos planos, de los derechos individuales, demostró también la originalidad de la historia uruguaya. El golpe había sido protagonizado por un presidente civil y dado con la aprobación del ejército pero sin su intervención directa, había contado con el apoyo de arte de los partidos políticos tradicionales y además, procurado la legitimación inmediata de las urnas convocando a elecciones ya en 1933.

La lenta recuperación de la economía mundial, el peso en la sociedad toda de las tradiciones democráticas, y el alineamiento del Uruguay con los Aliados enemigos del nazi-fascismo en la II Guerra Mundial (1939-45), determinaron la recuperación plena de la vida institucional democrática con las elecciones de noviembre de 1942 en las que fue electo presidente Juan José de Amézaga (1943-1947).

Bajo el gobierno de Luis Batlle Berres (1947-1951), la prosperidad económica se consolidó por los crecientes beneficios que deparó a las exportaciones uruguayas la guerra de Corea (1950-1953). En 1952 se adoptó una nueva Constitución que implantó una estructura colegiada de nueve miembros para el Poder Ejecutivo, seis de ellos para el partido mayoritario y tres para el que le siguiera en votos.

La intervención del Estado en la economía recibió un nuevo impulso con la nacionalizacion de las empresas británicas (ferrocarriles y aguas corrientes, 1949). En realidad, Gran Bretaña pagó de esa manera al Uruguay la deuda que había contraído por el suministro de carnes uruguayas durante la II Guerra Mundial.

La prosperidad económica y el impulso del gobierno de este segundo batllismo consolidaron un vigoroso crecimiento de la industria de sustitución de importaciones y el número de obreros aumento con espectacularidad.

Otra vez, el país de los años 50 parecía recordar al país de los años 20. El desarrollo cultural era muy importante y el analfabetismo tendía a desaparecer. Desde el gobierno se insistía en que el Uruguay era la Suiza de América, tanto por la continuidad de su democracia, como por la fuerza de su clase media y hasta por el Ejecutivo Colegiado que lo regía.

La tercera etapa de la historia del Uruguay en el siglo XX (1959- 1985), estuvo caracterizada por la crisis y el estancamiento económico y, en sus años finales (1973-1985), por la caída de las instituciones democríticas y la instalación de una dictadura militar, aparentemente insólita, observadas las características de la historia de la larga duración en el Uruguay, pero reveladora de la gravedad de la situación.

Las modificaciones de la economía mundial, en especial la formación del Mercado Común Europeo (1957) y la sustitución de la hegemonía británica por la estadounidense en América Latina, dejó a las producciones exportables uruguayas a la deriva. El país, por ejemplo, dependía financieramente de una nación (EEUU.) con una economía competitiva y no complementaria de la suya, mientras su tradicional mercado europeo se cerraba a sus carnes. El estancamiento de la ganadería y el fin del proceso de industrialización, completaron el panorama negativo que se tradujo en una disminución permanente del ingreso.

Los diversos sectores sociales, los sindicatos obreros y de empleados públicos, y las gremiales empresariales, lucharon entre sí por la distribución de una riqueza cada día menor en medio de una inflación que nada parecía detener.

Los partidos tradicionales se alternaron en el poder (gobiernos blancos de 1959 a 1967 y colorados de 1967 a 1973) y se fraccionaron. La izquierda se unificó y surgió así el Frente Amplio en 1971. El gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972) funcionó ya dentro de esquemas autoritarios pues decretó la suspensión de las garantías individuales casi durante todo su mandato y, del otro lado, ciertos sectores de la izquierda con el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) a la cabeza, también descreyeron del sistema democrático impulsando la lucha armada.

El proceso de deterioro de las instituciones fue vivido dramáticamente por una sociedad que sólo con lentitud dejó de tener fe en ellas, y culminó con el Golpe de Estado que las Fuerzas Armadas protagonizaron el 27 de junio de 1973, disolviendo las cámaras legislativas y asumiendo, bajo la cobertura del presidente civil Juan María Bordaberry (1972-1976), la totalidad del poder público hasta febrero de 1985.

Los 12 años de la dictadura militar estuvieron signados por la represión de todas las fuerzas políticas, particularmente dura con las de izquierda, por el encarcelamiento de todos los dirigentes sindicales y la prohibición de la actividad gremial a obreros y empleados, y por la expulsión de los funcionarios públicos, especialmente los docentes, sospechosos de cualquier inclinacion izquierdista.

Desde el punto de vista económico, el gobierno militar, asesorado por técnicos de ideas neoliberales, procedió a cierta apertura de la economía al exterior, procurando atraer al capital extranjero y limitar la intervención del Estado. El deterioro del salario real tuvo consecuencias imprevistas en un gobierno conservador ya que forzó la entrada masiva de la mujer al mercado del trabajo fuera del hogar, estrategia familiar de sobrevivencia que adoptaron los sectores populares y la clase media.

Las resistencias de la sociedad al régimen militar tuvieron su expresión más clara en el rechazo de la Constitución autoritaria que el gobierno promovía, ocurrido en el plebiscito del 30 de noviembre de 1980 cuando "el NO" recogió el 57,2% del total de sufragios, y eso en medio de una censura militar casi completa de los medios de comunicación.

La crisis financiera y económica de 1982, que aceleró la inflación y sobre todo la desocupación, y esas resistencias sociales aludidas, que también condujeron a la reorganización del movimiento sindical, llevaron a los militares a ceder el poder a la sociedad civil, aunque con ciertas limitaciones, de las que dio cuenta el llamado Pacto del Club Naval concluído el 3 de agosto de 1984.

En elecciones en que hubo candidatos todavía vetados por las Fuerzas Armadas, surgió como presidente constitucional el líder colorado Julio Maria Sanguinetti. Bajo su presidencia (1985-1990) y la de su sucesor, Luis A. Lacalle (1990-1995) se fortificaron las instituciones democráticas, el clima de tolerancia recíproca renació y políticamente el país tendió a dividirse en tercios: colorados, blancos y frenteamplistas.

Los militares lograron que la Ley de Caducidad y el posterior referendum popular que la consolidó (1989) impidiera su persecucion judicial ante las violaciones de los derechos individuales acaecida bajo la dictadura.

En 1991, el Uruguay paso a fundar e integrar el Mercosur, alianza económico aduanera que lo incluye junto a Brasil, Argentina y Paraguay.

En 1995, la población del país alcanza los 3 millones de habitantes, acentuándose el rasgo ya advertible en los comienzos del siglo XX, el escaso crecimiento natural de su población, debido sobre todo al alto grado de control de la natalidad que practican sus habitantes. La tasa de analfabetismo representa apenas el 4,25 de la población del país. La calidad de vida de la mayoría de los habitantes es una de las mas altas de América Latina, aventajada solo en ciertos rubros, por Costa Rica, Cuba y Argentina, siendo la esperanza de vida al nacer de 71 años y fracción. La mayoría de sus habitantes es considerada católica por las estimaciones de esta Iglesia, pero el numero de sacerdotes no sobrepasa los 700. La tasa de divorcios es alta, similar a la de las naciones europeas.


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En la historia del Uruguay en el siglo XX se distinguen cuatro etapas:

La primera etapa es fundacional y parece clave para explicar algunas de las características y la mentalidad dominantes en el país hasta muy avanzado el siglo.

La figura de José Batlle y Ordóñez (1856-1929) domina políticamente este período.

Presidente en dos oportunidades(1903-1907), (1911-1915), signo con sus ideas y a la vez expresó la sociedad de clases medias que estaba naciendo al amparo de la prosperidad económica y la facilidad del ascenso social.

La economía vio aparecer nuevas formas industriales que valorizaron plenamente la producción de carnes al refrigerarlas y venderlas a Europa (el primer frigorífico es de 1905), lo que tuvo consecuencias políticas pues alejó definitivamente el fantasma de las viejas guerras civiles entre blancos y colorados ya que los estancieros se oponían ahora a ellas por destructoras de bienes con valor de mercado.

La intervención estatal comenzó. La gestión financiera del Estado (Banco de la República, 1896 y Banco Hipotecario, 1912), comercial (Banco de Seguros, 1911), e industrial (energía eléctrica y teléfonos, 1912, combustibles y petróleo, 1931), se constituyó en un elemento definitorio de la relación entre sociedad civil y Estado en todo el siglo XX.

La democracia política, obra, en la que sobresalió más la oposición política que el partido colorado en el gobierno, se afianzó con el logro del voto secreto y la representación proporcional establecidos en la Constitución de 1917, la pureza electoral garantizada por las leyes de 1924, y una atmósfera de tolerancia fundada en parte en la imposibilidad tanto de las personalidades políticas como de los partidos en que se dividía la opinión , de hegemonizar a la opinión pública.

En lo social, el Uruguay vivió una época de legislacion del trabajo, protectora de los obreros y otros sectores populares (la ley de 8 horas fue aprobada en 1915) y de garantías para el retiro de los trabajadores establecidas por diferentes leyes que fundaron Cajas de Jubilaciones para casi todos los oficios en los años 20.

Demograficamente el país, que contaba con 1.042.000 habitantes según el Censo realizado en 1908, apenas duplicó su población en 1930, estimada en 1.900.000. El descenso de la tasa de mortalidad fue muy significativo y se debió sobre todo al avance del nivel de vida de la población y a las medidas higiénicas que el gobierno adoptó. El descenso relevante de la tasa de natalidad convirtió al Uruguay, probablemente en el primer país de América Latina que obviamente controlaba sus nacimientos.

La difusión de la cultura (la tasa de analfabetismo también descendió y se expandió la Enseñanza Secundaria en el interior del país), la facil recepción de los modelos demográficos europeos por una población de origen inmigratorios, la mentalidad prudente de las dominantes clases medias, todo ello explica que en 1930 el Uruguay tuviera de sí mismo la imagen de un país moderno, europeizado y escasamente latinoamericano. Un dato mas contribuía a acentuar esta imagen: la cultura y la enseñanza se habían secularizado y la influencia de la Iglesia Católica era escasa al grado de que sin mayores repercusiones sociales, ni políticas el Estado y la Iglesia se separaron por la Constitución de 1917.

La ley de divorcio por causal, la primera aprobada, fue en 1907 y la mujer obtuvo en 1913 la ley de divorcio "por su sola voluntad". En 1932 logró el derecho al sufragio.

La crisis económica mundial iniciada en 1929 en Estados Unidos, repercutió en el Uruguay a partir de 1930-31. El descenso del precio de las materias primas y alimentos que el Uruguay exportaba, y las restricciones del comercio internacional, generaron aumento de la desocupación y caída del ingreso.

La lucha por la distribución del mismo se acentuó entre los grupos sociales y el reformismo social batllista fue enjuiciado duramente por ineficaz y populista por las gremiales de estancieros y comerciantes que criticaban el peso impositivo de un Estado que no controlaban.

El Presidente de la República electo en 1931, Gabriel Terra, oyó estas demandas de las clases altas y con el apoyo de algunas fracciones de los dos partidos tradicionales dio un golpe de Estado el 31 de marzo de 1933, disolviendo el Poder Legislativo y la parte colegiada del Poder Ejecutivo, el Consejo Nacional de Administración.

Este golpe y el gobierno resultante, de Terra, hasta 1938, aunque represor del movimiento obrero y los partidos de izquierda y "progresistas", y desconocedor en muchos planos, de los derechos individuales, demostró también la originalidad de la historia uruguaya. El golpe había sido protagonizado por un presidente civil y dado con la aprobación del ejército pero sin su intervención directa, había contado con el apoyo de arte de los partidos políticos tradicionales y además, procurado la legitimación inmediata de las urnas convocando a elecciones ya en 1933.

La lenta recuperación de la economía mundial, el peso en la sociedad toda de las tradiciones democráticas, y el alineamiento del Uruguay con los Aliados enemigos del nazi-fascismo en la II Guerra Mundial (1939-45), determinaron la recuperación plena de la vida institucional democrática con las elecciones de noviembre de 1942 en las que fue electo presidente Juan José de Amézaga (1943-1947).

Bajo el gobierno de Luis Batlle Berres (1947-1951), la prosperidad económica se consolidó por los crecientes beneficios que deparó a las exportaciones uruguayas la guerra de Corea (1950-1953). En 1952 se adoptó una nueva Constitución que implantó una estructura colegiada de nueve miembros para el Poder Ejecutivo, seis de ellos para el partido mayoritario y tres para el que le siguiera en votos.

La intervención del Estado en la economía recibió un nuevo impulso con la nacionalizacion de las empresas británicas (ferrocarriles y aguas corrientes, 1949). En realidad, Gran Bretaña pagó de esa manera al Uruguay la deuda que había contraído por el suministro de carnes uruguayas durante la II Guerra Mundial.

La prosperidad económica y el impulso del gobierno de este segundo batllismo consolidaron un vigoroso crecimiento de la industria de sustitución de importaciones y el número de obreros aumento con espectacularidad.

Otra vez, el país de los años 50 parecía recordar al país de los años 20. El desarrollo cultural era muy importante y el analfabetismo tendía a desaparecer. Desde el gobierno se insistía en que el Uruguay era la Suiza de América, tanto por la continuidad de su democracia, como por la fuerza de su clase media y hasta por el Ejecutivo Colegiado que lo regía.

La tercera etapa de la historia del Uruguay en el siglo XX (1959- 1985), estuvo caracterizada por la crisis y el estancamiento económico y, en sus años finales (1973-1985), por la caída de las instituciones democríticas y la instalación de una dictadura militar, aparentemente insólita, observadas las características de la historia de la larga duración en el Uruguay, pero reveladora de la gravedad de la situación.

Las modificaciones de la economía mundial, en especial la formación del Mercado Común Europeo (1957) y la sustitución de la hegemonía británica por la estadounidense en América Latina, dejó a las producciones exportables uruguayas a la deriva. El país, por ejemplo, dependía financieramente de una nación (EEUU.) con una economía competitiva y no complementaria de la suya, mientras su tradicional mercado europeo se cerraba a sus carnes. El estancamiento de la ganadería y el fin del proceso de industrialización, completaron el panorama negativo que se tradujo en una disminución permanente del ingreso.

Los diversos sectores sociales, los sindicatos obreros y de empleados públicos, y las gremiales empresariales, lucharon entre sí por la distribución de una riqueza cada día menor en medio de una inflación que nada parecía detener.

Los partidos tradicionales se alternaron en el poder (gobiernos blancos de 1959 a 1967 y colorados de 1967 a 1973) y se fraccionaron. La izquierda se unificó y surgió así el Frente Amplio en 1971. El gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972) funcionó ya dentro de esquemas autoritarios pues decretó la suspensión de las garantías individuales casi durante todo su mandato y, del otro lado, ciertos sectores de la izquierda con el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) a la cabeza, también descreyeron del sistema democrático impulsando la lucha armada.

El proceso de deterioro de las instituciones fue vivido dramáticamente por una sociedad que sólo con lentitud dejó de tener fe en ellas, y culminó con el Golpe de Estado que las Fuerzas Armadas protagonizaron el 27 de junio de 1973, disolviendo las cámaras legislativas y asumiendo, bajo la cobertura del presidente civil Juan María Bordaberry (1972-1976), la totalidad del poder público hasta febrero de 1985.

Los 12 años de la dictadura militar estuvieron signados por la represión de todas las fuerzas políticas, particularmente dura con las de izquierda, por el encarcelamiento de todos los dirigentes sindicales y la prohibición de la actividad gremial a obreros y empleados, y por la expulsión de los funcionarios públicos, especialmente los docentes, sospechosos de cualquier inclinacion izquierdista.

Desde el punto de vista económico, el gobierno militar, asesorado por técnicos de ideas neoliberales, procedió a cierta apertura de la economía al exterior, procurando atraer al capital extranjero y limitar la intervención del Estado. El deterioro del salario real tuvo consecuencias imprevistas en un gobierno conservador ya que forzó la entrada masiva de la mujer al mercado del trabajo fuera del hogar, estrategia familiar de sobrevivencia que adoptaron los sectores populares y la clase media.

Las resistencias de la sociedad al régimen militar tuvieron su expresión más clara en el rechazo de la Constitución autoritaria que el gobierno promovía, ocurrido en el plebiscito del 30 de noviembre de 1980 cuando "el NO" recogió el 57,2% del total de sufragios, y eso en medio de una censura militar casi completa de los medios de comunicación.

La crisis financiera y económica de 1982, que aceleró la inflación y sobre todo la desocupación, y esas resistencias sociales aludidas, que también condujeron a la reorganización del movimiento sindical, llevaron a los militares a ceder el poder a la sociedad civil, aunque con ciertas limitaciones, de las que dio cuenta el llamado Pacto del Club Naval concluído el 3 de agosto de 1984.

En elecciones en que hubo candidatos todavía vetados por las Fuerzas Armadas, surgió como presidente constitucional el líder colorado Julio Maria Sanguinetti. Bajo su presidencia (1985-1990) y la de su sucesor, Luis A. Lacalle (1990-1995) se fortificaron las instituciones democráticas, el clima de tolerancia recíproca renació y políticamente el país tendió a dividirse en tercios: colorados, blancos y frenteamplistas.

Los militares lograron que la Ley de Caducidad y el posterior referendum popular que la consolidó (1989) impidiera su persecucion judicial ante las violaciones de los derechos individuales acaecida bajo la dictadura.

En 1991, el Uruguay paso a fundar e integrar el Mercosur, alianza económico aduanera que lo incluye junto a Brasil, Argentina y Paraguay.

En 1995, la población del país alcanza los 3 millones de habitantes, acentuándose el rasgo ya advertible en los comienzos del siglo XX, el escaso crecimiento natural de su población, debido sobre todo al alto grado de control de la natalidad que practican sus habitantes. La tasa de analfabetismo representa apenas el 4,25 de la población del país. La calidad de vida de la mayoría de los habitantes es una de las mas altas de América Latina, aventajada solo en ciertos rubros, por Costa Rica, Cuba y Argentina, siendo la esperanza de vida al nacer de 71 años y fracción. La mayoría de sus habitantes es considerada católica por las estimaciones de esta Iglesia, pero el numero de sacerdotes no sobrepasa los 700. La tasa de divorcios es alta, similar a la de las naciones europeas.


documento elaborado por: José Pedro Barrán

correo electrónico barran@seciu.edu.uy


versión de: Setiembre de 1995


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Por consultas:

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DECLARATORIA DE LA INDEPENDENCIA

Declaratoria de la Independencia


Sesión de la Sala de Representantes de la Provincia Oriental.

Oleo sobre tela de Eduardo Amézaga.

Museo Histórico Nacional. Montevideo - Uruguay


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JUAN ANTONIO LAVALLEJA

Juan Antonio Lavalleja


Oleo sobre tela de Jean Philippe Goulue. Dimensiones: 1135 x 870 mm.

Museo Histórico Nacional. Montevideo - Uruguay


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FRUCTUOSO RIVERA

Fructuoso Rivera


Oleo sobre tela de Baldassare Verazzi. Dimensiones: 1065 x 870 mm.

Museo Histórico Nacional. Montevideo - Uruguay


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DESEMBARCO DE LOS TREINTA Y TRES ORIENTALES

Desembarco de los Treinta y Tres Orientales


El Juramento de los Treinta y Tres Orientales

Oleo sobre tela de Juan Manuel Blanes. Dimensiones: 5605 x 3050 mm.

Museo Blanes. Montevideo - Uruguay


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Jose Batlle y Ordonez

José Batlle y Ordóñez


Nació en Montevideo en 1856 y falleció en 1929. Ejerció la Presidencia de la República por dos períodos: 1903-1907 y 1911-1915.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Luis Batlle Berres

Luis Batlle Berres


Nació en 1897 y falleció en 1964. Ejerció la Presidencia de la República entre 1947 y 1951, y la Presidencia del Consejo Nacional de Gobierno (ejecutivo colegiado) entre 1955 y 1956.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Inmigrantes

Inmigrantes


Alojamiento de Inmigrantes: Sección Desembarco instalada en el Puerto de Montevideo, con el objeto de recibirlos.


Foto año 1913

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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General Aparicio Saravia

General Aparicio Saravia


En su estancia de "El Cordobés". Nació en 1856 y murió en 1904.


Foto año 1902.

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Estación Central del Ferrocarril General Artigas

Estación Central de Ferrocarril

"General Artigas"

Estación Central del Ferrocarril, en Montevideo


Sita en Montevideo. Construída por el Ingeniero Luis Andreoni, inaugurada el 23 de junio de 1897.

Declarada Monumento Histórico Nacional en el año 1975.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Edificio de ANCAP

Edificio de la Administración Nacional de Combustibles Alcohol

y Portland (ANCAP)

Edificio de ANCAP


Edificio sito en las calles Avda. Agraciada, Paysandú y Paraguay de Montevideo.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Frigorifico Anglo en Fray Bentos, Río Negro

Frigorifico Anglo

Frigorífico Anglo sección conservas

Productos del Frigorífico Anglo en envase metálico.


Sección Conservas y muestrario de productos envasados por el Frigorífico Anglo, ubicado en la ciudad de Fray Bentos en el Departamento de Río Negro.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Primer Edificio del Banco Hipotecario del Uruguay

Primer Edificio del Banco Hipotecario del Uruguay (BHU)

Fachada del primer edificio del Banco Hipotecario del Uruguay


El Banco Hipotecario del Uruguay fue creado en 1912.


Foto año 1913.

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Juan María Bordaberry

Juan María Bordaberry

Juan María Bordaberry con la banda presidencial


Juan María Bordaberry el día de la asunción del mando. Presidente constitucional desde el 1ero de marzo de 1972 hasta el 27 de junio de 1973, cuando disuelve el Parlamento encabezando un golpe de estado.Permanece a cargo del gobierno de facto desde entonces hasta el 12 de junio de 1976, no culminando de hecho el período constitucional que el mismo violentó.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Edificio del Banco República Oriental del Uruguay (BROU)

Edificio del Banco República Oriental del Uruguay

(BROU)

Edificio del Banco República Oriental del Uruguay


Obra sita en Montevideo, realizada por los arquitectos Juan Beltrame y Raúl Lerena Acevedo. Creado con el nombre de "Banco de la República" en 1896, con carácter de sociedad anónima con capital del estado y de particulares. En 1911 pasa a control exclusivo del Estado uruguayo.


Foto año 1945.

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Dr. Baltasar Brum

Dr. Baltasar Brum

Dr. Baltasar Brum

Dr. Baltasar Brum el día de su suicidio


El Dr. Baltasar Brum, Presidente de la República entre los años 1919 y 1923, en una fotografía de estudiante y el día de su suicidio en 1933 ante el golpe de estado de Gabriel Terra.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Edificio del Banco de Seguros del Estado (BSE)

Edificio del Banco de Seguros del Estado

(BSE)

Edificio del banco de Seguros del Estado (BSE)


Creado en el año 1911. El edificio se encuentra en la Avda. Agraciada de Montevideo.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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DERIVA CONTINETAL, LA FAUNA DEL URUGUAY EN EL PASADO

DERIVA CONTINENTAL

La estabilidad de la Tierra es completamente ilusoria, no sólo por los terremotos, sino porque se sabe desde hace tiempo que las grandes masas continentales migran, deslizándose pesadamente sobre las capas más profundas de la corteza, a la escasa velocidad de unos pocos centímetros por año. Plano actual de las placas continentales y la dirección de desplazamiento.

En plazos de millones de años, que no son sino momentos de la inmensa dimensión del tiempo geológico, esos centímetros se transforman en centenares de quilómetros. Así, los continentes se juntan y separan, como piezas de un gigantesco rompecabezas.
 
Hace 500 millones de años.
 
Hace 220 millones de años.
 
Hace 190 millones de años.
 
Hace 136 millones de años.
 
Hace 65 millones de años. 
 
En la actualidad.
Sudamérica y Africa estuvieron unidas hasta unos 130 millones de años atrás, como todavía puede verse en los contornos de las respectivas costas atlánticas. Estos dos continentes, junto con India, Australia y la Antártida, formaban, hace casi 250 millones de años, el supercontinente del Sur, llamado Gondwana. Entonces, el polo Sur estaba aquí cerca en el sur de Brasil, y gigantescos glaciares se enseñoreaban de nuestro territorio.


Documento elaborado por:  Richard Fariña

Nació en Montevideo en 1957. Es Licenciado en Ciencias Biológicas, Magister en Paleontología y Doctor en Ciencias Biológicas.  Es docente en el Departamento de Paleontología de Facultad de Ciencias. Montevideo.

Correo electrónico:  fari~a@fcien.edu.uy 


Versión de:  Enero de 1998
Ubicación:  http://www.rau.edu.uy/uruguay/historia/deriva.htm


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  Presidente General Aviador (R) Oscar Gestido

Presidente Gral. Aviador (R) Oscar Gestido

El Presidente Gral. Aviador (R) Oscar Gestido el día de la asunción del mando presidencial.


El Presidente de la República Gral. Aviador (R) Oscar Gestido con su banda presidencial. Gobernó desde el 1ero de marzo al 6 de diciembre de 1967, día en que dejo de existir. Lo sucedió Jorge Pacheco Areco.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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MEGAFAUNA, LA FAUNA DEL URUGUAY EN EL PASADO

MEGAFAUNA


La gran fauna del Pleistoceno Superior (llamado Lujanense) es un valioso ejemplo del atractivo de la paleontología. Diez mil años atrás, es decir, hace un instante en términos geológicos, habitó toda Sudamérica, una fauna de mamíferos de gran diversidad, rareza y tamaño. Elefantes, osos, tigres dientes de sable, llamas de una tonelada, carpinchos de 150 kg y extrañas criaturas emparentadas sólo lejanamente con animales modernos, como los perezosos terrestres bípedos de varios metros de altura; animales completamente acorazados, relacionados con las mulitas, pero del porte de un hipopótamo; caballos, milenios antes de que los conquistadores españoles los volviesen a introducir.

Rivalizando en espectacularidad con los famosos dinosaurios, cuentan con varias ventajas sobre ellos, como su proximidad en el tiempo, que nos permite inferir más confiablemente su modo de vida, y, eventualmente, extraer su material cromosómico con gran factibilidad.

El término megafauna ha sido definido para comprender al conjunto de animales --en particular mamíferos-- de la misma región, cuya masa adulta excede la tonelada. Una tonelada es un millón de gramos, y para esa cantidad se usa el prefijo mega. La megafauna pleistocena de Sudamérica es impresionante cualquiera sea la definición que se use. Si consideramos los 122 géneros citados en la literatura científica, alrededor de 15 tienen más de una tonelada de masa, y los mayores de 100 kg llegan cerca de la cincuentena. Compárese esta cifra con la fauna actual de África, compuesta por cinco especies: el elefante, el rinoceronte blanco, el rinoceronte negro, el hipopótamo y la jirafa.

Bestiario

 

Tigre dientes de sable

Nombre común:  Tigre dientes de sable
Clasificación:

Comentarios:  Muy conocido predador extinguido. De miembros relativamente cortos, no parece haber sido apto para la persecución de su presa sino más bien para la emboscada. Sus miembros anteriores son extraordinariamente robustos. La dentadura está reducida al mínimo indispensable para apuñalar, desgarrar y cortar. En Arizona, EE.UU., fue encontrado un cráneo de un gliptodonte juvenil con dos perforaciones de forma oval, probablemente debidas al ataque de uno de estos gatos o un pariente próximo.

 

Oso Nombre común:  Oso
Clasificación:

Comentarios:  Hoy en día existe una sola especie de osos en Sudamérica, el osos de anteojos, un vegetariano relativamente pequeño que habita los grandes bosques de las vertientes andinas. En el Lujanense, en cambio, existía este género de gran porte, cuyos restos son encontrados en nuestro territorio.

 

Perezoso (scelidoterio) Nombre común:  Perezoso (scelidoterio)
Clasificación:

Comentarios:  Restringidos hoy a dos especies que viven en lo más alto de los árboles de las selvas tropicales de nuestro continente, los perezosos fueron mamíferos muy abundantes durante el Terciario y el Pleistoceno, y cuando se levantó el istmo de Panamá hace 3 millones de años, invadieron América del Norte y el Caribe. Dentro de los representantes lujanenses, el scelidoterio era de los más pequeños, a pesar de que su masa alcanzaba, como ya se dijo, las centenas de quilogramos, por lo que podemos suponer que no compartían con sus primos vivientes el hábito arborícola.

 

Perezoso (milodonte) Nombre común:  Perezoso (milodonte)
Clasificación:

Comentarios:  Otro perezoso, una de cuyas especies, Mylodon darwini, fue nombrada en homenaje al gran Charles. Al Mylodon pertenece el cuero y las heces halladas en una cueva de la Patagonia austral. Incluidos en el cuero, se halló un gran número de huesecillos cutáneos. Antes de esto, siempre eran hallados asociados a sus restos, pero sin que hubiese explicaciones convincentes.

 

Perezoso (glosoterio) Nombre común:  Perezoso (glosoterio)
Clasificación:

Comentarios:  Semejante al anterior, pero de talla algo mayor y rostro más corto y grueso. El primer material hallado de este género fue colectado por Darwin en el lecho del Arroyo Sarandí --¡vaya uno a saber exactamente cuál Arroyo Sarandí!-- en el Uruguay, y estudiado por Owen en 1840.

Perezoso (lestodonte) Nombre común:  Perezoso (lestodonte)
Clasificación:

Comentarios:  Como se ve, los auténticos gigantes dicen presente entre los perezosos lujanenses. Si bien los Edentata carecen de caninos e incisivos, Lestodon tenía el primer molariforme muy desplazado hacia adelante, con forma de canino y proyectado hacia afuera, conformando una defensa, lo que debe de haber dado a su rostro una apariencia muy poco amigable.

 

Perezoso (megaterio) Nombre común:  Perezoso (megaterio)
Clasificación:

Comentarios:  El campeón de los pesos completos entre los perezosos, y el mayor integrante de la megafauna junto con los mastodontes. También tiene el galardón de haber estado entre los mamíferos bípedos más grandes de todos los tiempos, como se sabe por las huellas que dejó. Poseía las fuertes garras características de los perezosos lujanenses, pero desarrolladas al extremo. Se ha propuesto que le servían para descascarar árboles y comer su corteza, pero hipótesis recientes las asocian a usos más agresivos. De ser correcta esa hipótesis, sería el mamífero terrestre comedor de carne más grande que haya existido. Dámaso Larrañaga le dedicó su atención.

 

Armadillo gigante Nombre común:  Armadillo gigante
Clasificación:

Comentarios:  Bastante cercanamente emparentados con los tatús modernos, como se ve en las bandas móviles que separan el escudete escapular (anterior) del pelviano (posterior).

 

Gliptodonte Nombre común:  Gliptodonte
Clasificación:

Comentarios:  Los gliptodontes son una de las formas más atractivas entre los mamíferos lujanenses, lo que no es poco decir. A pesar de su parecido superficial con los armadillos, con los que están emparentados, ambas estirpes se separaron hace más de 50 millones de años. La diferencia más notoria es que los gliptodontes carecían de bandas móviles en la coraza. En relación a esto, su columna vertebral alcanzaba el grado de fusión mayor de todos los mamíferos, rivalizando en este aspecto con las tortugas. A este género se lo distingue por su coraza con forma de gran casco alemán de la II Guerra. Las placas individuales son gruesas, con un diseño de pequeñas figuras uniformes finamente punteadas. El tubo caudal adquiere gran tamaño, es chato y posee unas cicatrices, en las que quizás se hayan fijado almohadillas o espinas córneas. Con o sin ellas, la cola debe de haber sido un arma formidable.

 

Gliptodonte Nombre común:  Gliptodonte
Clasificación:

Comentarios:  En este género, las placas de la coraza están más laxamente unidas que en otros, son bastante espesas y carecen de ornamentación. Su tubo caudal es aún más impresionante que los vistos previamente, pues alcanzaba un metro de largo y un ensanchamiento en su extremo, con grandes concavidades para la inserción de estructuras córneas, le daba el aspecto de una hercúlea maza.

 

Gliptodonte Nombre común:  Gliptodonte
Clasificación:

Comentarios:  La nave insignia de la megafauna del Lujanense sudamericano. Su existencia fue comunicada por Sir Owen en un trabajo científico ya en 1838. Sus placas son muy características, tal vez los fósiles de vertebrados más comúnmente hallados en nuestra región, con su diseño de roseta. Si bien tenían la armadura caudal completa como todos los integrantes de la familia, carecían del anquilosamiento de los anillos terminales en forma de tubo descrito en los otros géneros. Varios aspectos de su paleobiología han sido estudiados recientemente.

 

Mastodonte Nombre común:  Mastodonte
Clasificación:

Comentarios:  Los mastodontes también estaban, ayer no más, en nuestras llanuras. Sus restos son suficientemente comunes como para suponer que hubiera sido bastante fácil verlos en un safari hace cien siglos. De la forma peculiar de sus molariformes proviene su nombre, traducible como dientes con mamas. En efecto, ellos tienen dos series longitudinales de cúspides cónicas. Tenían un cráneo alto, como el de los elefantes modernos, el extremo anterior de la mandíbula curvado hacia abajo y las defensas rectas.

 

Macrauquenia Nombre común:  Macrauquenia
Clasificación:

Comentarios:  El orden Litopterna, hoy completamente extinguido, fue esplendoroso. Entre sus miembros se contaba un género mioceno que alcanzó una reducción de los dedos laterales aún mayor que la de los caballos modernos. Macrauchenia, por su parte, tiene una forma semejante a la del camello, aunque la posición muy retrasada de los orificios nasales, así como su forma de gran fosa elíptica, sugieren la presencia de una trompa.

 

Toxodonte Nombre común:  Toxodonte
Clasificación:

Comentarios:  Otro heredero de una estirpe gloriosa, hoy totalmente desaparecida. Los notoungulados incluyeron en su larga historia unas 13 familias diferentes, desde prácticamente el principio de la edad de los mamíferos, hace unos 60 millones de años, hasta su reciente extinción. Los toxodontes, en particular, se cuentan entre sus más interesantes exponentes, alcanzaban el tamaño de un rinoceronte, y probablemente compartían sus hábitos. Los incisivos superiores estaban muy arqueados, mientras que los inferiores, muy achatados, de disposición horizontal y gran expansión lateral, le daban a la parte anterior de la mandíbula el aspecto de una gigantesca espátula.

 

Llama gigante Nombre común:  Llama gigante
Clasificación:

Comentarios:  En los tiempos lujanenses, las llamas y los guanacos no estaban restringidos a su presente distribución andino-patagónica, y eran habitantes frecuentes de nuestras praderas. Este género era el gigante del grupo, llegando a un tamaño mayor incluso que el de sus parientes, los camellos de los desiertos y estepas de Africa y Asia.

 

Caballo Nombre común:  Caballo
Clasificación:

Comentarios:  Uno de los varios géneros de equinos sudamericanos, todos ellos extinguidos varios milenios antes de que los colonizadores europeos reintrodujeran la especie doméstica del grupo. Esta se adaptó tan bien como sus parientes nativos. Hippidion era más robusto y cabezón que el caballo doméstico. También se distingue su cráneo por presentar los huesos nasales libres en buena parte de su longitud.

 

Carpincho

Nombre común:  Carpincho gigante
Clasificación:

Comentarios:  Aunque se lo conoce todavía de manera fragmentaria, puede decirse que era muy semejante a su pariente viviente, pero duplicándolo o más en tamaño.

 

Extinciones

El estudio de las extinciones masivas ha tenido un extraordinario auge. Aquí se verá lo relacionado a la extinción de esta fauna.

Siempre se afirmó que hubo una extinción diferencial, en la cual los mamíferos de estirpe norteamericana sustituyeron a aquellos cuyo grupo se originó por acá después del intercambio faunístico. Sin embargo, si tomamos los 122 géneros citados para el Pleistoceno tardío (conocido como Lujanense) de toda América del Sur, se ve que en realidad el origen geográfico del grupo no tiene mucho que ver, y sí su tamaño: como en otros casos, los animales grandes son más propensos a la extinción que los chicos.

Esta gran fauna vivió aquí antes de la colonización humana, y llegó a coexistir con los humanos, al punto tal que se menciona su influencia como causa de extinción. De hecho, el único factor diferente entre el tiempo de la extinción y cualquier otro del Pleistoceno es, precisamente, la presencia humana. El clima varió, pero no más que a lo largo del Pleistoceno, por lo que se puede saber estudiando la dispersión de ciertas plantas, a través de su polen. En Chile y en el norte de Sudamérica, hay estudios bien documentados de la caza de mastodontes y su posterior consumo por un grupo de humanos, y en América del Norte un autor propuso el término blitzkrieg (guerra relámpago, terminología bélica de la II Guerra Mundial), para denominar la sobrecaza y consecuente extinción masiva.

Esta interpretación es polémica, pero tiene la ventaja de explicar bien la mayor extinción de los animales de gran tamaño, y de ser coherente con el impacto humano en los respectivos continentes a medida que nuestra especie los iba poblando, aunque no se puede descartar que el hombre no haya sido más que el golpe de gracia para una fauna que venía en falsa escuadra. Por citar otra hipótesis, la presencia de enfermedades traídas por los contingentes de origen norteamericano y quizá también por los humanos, pudo haber sido una causa de gran importancia.


Documento elaborado por:  Richard Fariña

Nació en Montevideo en 1957. Es Licenciado en Ciencias Biológicas, Magister en Paleontología y Doctor en Ciencias Biológicas.  Es docente en el Departamento de Paleontología de Facultad de Ciencias. Montevideo.

Correo electrónico:  fari~a@fcien.edu.uy


Versión de:  Diciembre de 1997
Ubicación:  http://www.rau.edu.uy/uruguay/historia/megafauna.htm


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Presidente Jorge Pacheco Areco

Presidente Jorge Pacheco Areco

Presidente Jorge Pacheco Areco


Gobernó desde el 6 de diciembre de 1967, tras la muerte del Presidente Oscar Gestido hasta el 1ero de marzo de 1972, cuando entregó el gobierno a Juan María Bordaberry.


Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Pictogramas encontrados en Territorio Uruguayo

PICTOGRAMAS ENCONTRADOS EN TERRITORIO URUGUAYO

Pictograma: Manos y pies pintados encontrados en el Arroyo Molles de Chamangá, Depto de Flores.

Imagen suministrada por el Lic. Mario Consens, manos y pies pintados encontrados en el Arroyo de Molles de Chamangá Departamento de Flores (Uruguay)


Pictograma encontrado en el Arroyo de la Virgen, Depto. de San José.Pictogramas encontrados en el Arroyo de la Virgen. Departamento de San José (Uruguay). Decubiertos por Clemente Barreal Posadas en el año 1874.

Pictograma encontrado en el Arroyo Molles de Chamangá, Depto de Flores.Pictogramas encontrados en el Arroyo Molles de Chamangá Departamento de Flores (Uruguay). Descubiertos por Agustín Larrauri en el año 1905.


Los dibujos que ilustran esta página fueron tomados de:

Campá Soler, Raúl ; Dorries, Cristian. Atlas de Prehistoria : referente a la República Oriental del Uruguay. -- Buenos Aires : Biblioteca F.V., 1975.

La Red Académica Uruguaya (RAU) agradece a la Librería Linardi y Risso el suministro de este documento.


Versión de: Abril de 1998
Ubicación: http://www.rau.edu.uy/uruguay/historia/picto.htm


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LA FAUNA DEL URUGUAY EN EL PASADO, MEGAFAUNA DEL PLEISTOCENO

LA FAUNA DEL URUGUAY EN EL PASADO

Megafauna del Pleistoceno

La gran fauna del Pleistoceno Superior (llamado Lujanense) habitó diez mil años atras toda Sudamerica se trata de una fauna de mamiferos de gran diversidad, rareza y tamaño. Elefantes, osos, tigres diente de sable, llamas de una tonelada, carpinchos de 150 kg. y extrañas criaturas emparentadas sólo lejanamente con animales modernos, como los perezosos terrestres bípedos de varios metros de altura, animales completamente acorazados relacionados con las mulitas, pero con el porte de un hipopótamo; caballos, milenios antes de que los conquistadores españoles los volvieran a introducir.

Contenido

* Tabla del tiempo
* Deriva continental
* De dónde venían
* Antiguos pobladores
* Antiguos inmigrantes
* Saltadores de islas
* Gran intercambio biótico interamericano
* Megafauna
* Estado del arte
* Bibliografía


Tabla del tiempo

El recuadro que acompaña este texto muestra el tiempo geológico dividido en eras, períodos y épocas, como se usa en la Geología y la Paleontología. La escala de sus tiempos escapa de nuestra percepción cotidiana. Consideremos cada año como un milímetro. El viaje de Colón ocurrió hace medio metro, Cristo nació en el equivalente de la estatura de un basquetbolista. Pero la edad mínima de un organismo para que sea considerado fósil es al final del Pleistoceno, en la edad conocida en Sudamérica como Lujanense, cuando se extinguió la fauna de que se hablará después. Esa antigüedad es de diez mil años, o diez metros.

Esa es la edad mínima, y la mayor parte de la Paleontología tiene objetos de estudio mucho más antiguos. Los dinosaurios, por ejemplo, vivieron hace unos 65 millones de años, es decir, 65 quilómetros (desde Montevideo al balneario San Luis). Las arqueobacterias que constituyen la evidencia de vida más antigua tienen una antigüedad de tres mil ochocientos millones de años, casi desde Montevideo a Bahía en Brasil.

Deriva continental

De dónde venían

Es probable que incluso buenos conocedores de nuestra fauna de mamíferos autóctona del presente queden sorprendidos ante esta afirmación: "la mayoría de sus integrantes son inmigrantes relativamente recientes". Ciervos, pumas, jaguares, gatos monteses, llamas, zorros, ratones de campo, el lobito de río, pecaríes y tapires tienen antepasados que hollaron nuestro continente hace menos de tres millones de años.

Cuando el meteorito (o cualquier otra causa) extinguió a los dinosaurios al final del período Cretácico hace cosa de 65 millones de años, el campo quedó libre para los sobrevivientes mamíferos. Se produjo entonces un fenómeno que en Evolución se llama radiación, y que consiste precisamente en un desembarco en toda una multitud de profesiones ecológicas (llamadas nichos) que hasta entonces estaban vedadas por la supremacía indiscutible de los dominantes anteriores.

Por ese tiempo, y desde hacía algunos millones de años, Sudamérica era un continente-isla, más o menos como hoy es Australia. El istmo de Panamá no existía y el supercontinente austral Gondwana ya se había fragmentado. De ahí que durante un largo tiempo se produjese en nuestro continente una evolución de mamíferos bastante peculiar, con escasa relación con el resto del mundo. Naturalmente que ésto no impidió que se produjesen algunos episodios aislados de intercambio, cuando llegaron los antiguos inmigrantes y después con los saltadores de islas. Pero lo cierto es que ellos no alteraron decisivamente la composición faunística hasta que hace 3 millones de años el ascenso de la cordillera de los Andes provocase la formación del istmo de Panamá.

Antiguos pobladores

Los mamíferos que estaban presentes en América del Sur cuando este era un continente isla eran, básicamente, tres: marsupiales, ungulados y desdentados.

Comadreja Comadreja

Los marsupiales están caracterizados por la presencia de una bolsa en la que los recién nacidos terminan de madurar después del parto. Si bien hoy la tierra de los marsupiales por antonomasia es Australia, nombre que de inmediato uno asocia con canguros, todo parece indicar que el origen del grupo se encontró hacia la segunda mitad del Cretácico en Norte o Sudamérica. Después se dispersaron desde allí hacia Eurasia, por un lado, y hacia Australia y Antártida, a la sazón unidas. Es de destacar que la Antártida entonces no era congelada como hoy. Durante buena parte del Cenozoico, América del Sur albergó una fauna de marsupiales igual o incluso mayor que Australia. Entre sus integrantes vivientes están las comadrejas sudamericanas o zarigüeyas.

 

Completamente extinguidos, hubo también carnívoros del tamaño de osos y un equivalente del tigre dientes de sable, otros grupos de pequeños insectívoros y un par de familias con dentición que recuerda a la de los roedores, incluyendo un equivalente de las ratas canguro, de típico andar ricochetante.

Tapir Tapir

Otro grupo presente eran los ungulados, o animales con pezuñas. Desde un grupo ancestral algo heterogéneo, llamado condilartros, evolucionaron perisodáctilos (caballos, tapires, etc.), artiodáctilos (los de pezuña hendida, como vacas, cerdos y otros) y otras formas (elefantes, cetáceos) en todo el mundo. En nuestro continente se desarrolló un conjunto muy peculiar, incluyendo los órdenes a que pertenecen los ya mencionados toxodontes y macrauquenias, así como otros extraños grupos extinguidos durante el Terciario, como los Piroterios, Astrapoterios y Xenungulados.

 

 

 

 

Armadillo Armadillo

Finalmente, están los desdentados o xenartros, con muy particulares formas, como los vivientes armadillos, perezosos arborícolas y osos hormigueros, y los exclusivamente fósiles gliptodontes y perezosos terrestres. Durante los largos millones de años del Terciario, los desdentados tuvieron extraordinario auge y excepcional diversidad.

 

 

Antiguos inmigrantes

Los roedores sudamericanos, exclusión hecha de los ratones de campo, comparten con los africanos una condición que tiene el nombre de histricognatia, es decir, que tienen las mandíbulas como Hystrix, el puercoespín del Viejo Mundo. En efecto, en estas formas el ángulo de la mandíbula se origina lateralmente a la hilera dentaria, lo que implica que los músculos pterigoides, de gran importancia para la peculiar masticación de los roedores, es más largo.

Para explicar este parecido, se ha propuesto la hipótesis de la conexión africana. Pudo haber ocurrido, por lo menos una vez, que islas flotantes, pequeños fragmentos del continente africano expulsados al océano en las crecidas de los grandes ríos, hayan tenido tal suerte que arribasen hasta nuestras costas.

Saltadores de islas

A fines del Mioceno, Nazca, la placa de corteza terrestre que produce terremotos en el oeste de nuestro continente, ya había sido activada por América del Sur, que intentaba, e intenta aún, pasarle por arriba, produciendo terremotos y vulcanismo. Otra consecuencia de ese proceso es el levantamiento de cordilleras, en este caso, por supuesto, la de los Andes. Ese proceso creó una hilera de islas volcánicas entre ambos continentes, los embriones de los países centroamericanos. Para tener una idea de esto, puede mirarse la constelación de islas del Caribe. Esta disposición de las islas permitió que algunos animales terrestres hayan aprovechado sucesivas conexiones temporarias entre ellas, para ir ganando paulatinamente la proximidad de la otra tierra firme, como quien va saltando por las piedras para vadear un arroyo. Entre esos saltarines estuvieron los prociónidos, familia a la que pertenece el mao pelada, también conocido por otros nombres comunes, como el de osito lavador o mapache, o el científico de Procyon cancrivorus.

Gran intercambio biótico interamericano

Hace unos tres millones de años se levantó el istmo de Panamá, terminando con el larguísimo aislamiento de Sudamérica. Toda la fauna y flora de dos grandes continentes que habían evolucionado por separado se mezclaron de este lado y del otro, aunque no en forma pareja. Nueve familias de mamíferos sudamericanos se las arreglaron para migrar hacia el norte, incluyendo gliptodontes, mulitas, perezosos y comadrejas, entre otros. De allá para acá, sin embargo, el tránsito fue mayor, con un número de familias que llegó a quince, como las que albergan a félidos, elefantes, tapires, llamas y ciervos, por citar sólo algunas.
Figura tomada de: Benton, MJ, 1996. Paleontología de los Vertebrados. Barcelona: Perfils.

Megafauna

Estado del arte

En años recientes, los estudios sobre la paleobiología de esta gran fauna han sido bastante intensos. Por ejemplo, el estudio sobre la resistencia de las extremidades de los gliptodontes, llevó a la conclusión de que podrian haber sido bípedos y haberse peleado a coletazos, utilizando la maza que tenían en el extremo. El estudio de la gran abundancia de herbívoros y la escasez de carnívoros produjo la hipótesis de que podría haber habido perezosos gigantes de dieta más variada que la tradicionalmente propuesta. Ya se mencionó el estudio de la extinción, y se puede anotar otros en curso sobre los hábitos de otros integrantes de la fauna, pero lo más importante es todo lo que queda por hacer para destacar este contingente, probablemente una de las faunas de mayor número de mamíferos gigantes.

 

Bibliografía

Textos de divulgación relacionados:

Fariña RA, Vizcaíno SF. 1995. Hace sólo diez mil años. Montevideo: Fin de Siglo.

Fariña RA, Sequeira A. 1993. Dinosaurios. Montevideo: Fin de Siglo.

 

Referencias científicas:

Fariña RA. 1985. Some functional aspects of mastication in Glyptodontidae (Mammalia). Fortschritte der Zoologie 30: 277-280.

Fariña RA. 1988. Observaciones adicionales sobre la biomecánica masticatoria en Glyptodontidae (Mammalia; Edentata). Boletín de la Sociedad Zoológica (2a. época) 4: 5-9.

Fariña RA. 1995. Limb bone strength and habits in large glyptodonts. Lethaia 28 (3): 189-196.

Fariña RA. 1996. Trophic relationships among Lujanian mammals. Evolutionary Theory 11 (2): 125-134.

Fariña RA, Alvarez F. 1994. La postura de Toxodon: una nueva reconstrucción. Acta Geológica Leopoldensia 39: 465-571.

Fariña RA, Blanco RE. 1996. Megatherium, the stabber. Proceedings of the Royal Society B 263 (1377): 1725-1729.

Fariña RA, Vizcaíno SF. 1996. Hábitos locomotores del armadillo pleistoceno Propraopus grandis (Mammalia, Dasypodidae): una comparación con formas actuales. Actas del VI Congreso Argentino de Paleontología y Bioestratigrafía: 123-127.

Fariña RA, Vizcaíno SF. 1997. Allometry of the leg bones of some living and extinct armadillos (Dasypoda). Zeitschrift für Säugetierkunde 62: 65-70.

Fariña RA, Vizcaíno SF, Blanco RE. 1997. Scaling of the indicator of athletic capability in fossil and extant land tetrapods. Journal of theoretical Biology 185 (4): 441-446.

Lessa EP, Fariña RA. 1996. Reassessment of extinction patterns among the late Pleistocene mammals of South America. Palaeontology 39 (3): 651-662.

Lessa EP, Van Valkenburgh B, Fariña RA. Testing hypotheses of differential mammalian extinctions subsequent to the Great American Biotic Interchange. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 135 (1-4): 157-162.

Vizcaíno SF, Fariña RA. 1997. Diet and locomotion in Peltephilus: A new view . Lethaia 30 (1): 79-86.


Documento elaborado por:  Richard Fariña

Nació en Montevideo en 1957. Es Licenciado en Ciencias Biológicas, Magister en Paleontología y Doctor en Ciencias Biológicas.  Es docente en el Departamento de Paleontología de Facultad de Ciencias. Montevideo.

Correo electrónico:  fari~a@fcien.edu.uy


Versión de: Diciembre de 1997
Ubicación: http://www.rau.edu.uy/uruguay/historia/pleistoceno.htm


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PREHISTORIA DEL URUGUAY

PREHISTORIA DEL URUGUAY

La prehistoria del Uruguay es un período amplio, complejo y variable, puesto que es 40 veces mayor que el denominado período histórico del país. A lo largo de miles de años, distintos grupos fueron habitando este territorio. Una comarca que algunas veces les fue fértil y feraz, mientras en otras fue desoladora y mortificante. Que llegó a tener áreas desertizadas en el noroeste hace 7.000 años, con extensos arenales en los que se desplazaban llamas y guanacos. Y que poseyó importantes bosques semi-tropicales en su región central, apenas tres mil años después.

LOS COMIENZOS

El que hoy llamamos río Uruguay, corría en el norte con apenas 20 mts. de ancho, en un amplio valle que se veía desde la elevada la orilla. Vientos helados cruzaban los suelos apenas cubiertos por arbustos y duras gramíneas. Las huellas de un Gliptodonte se percibían en el fino polvo depositado, mientras un enorme Milodon trepaba lentamente hacia la altura del próximo cerro, aún cubierto de nieve.
Un pequeño grupo de seres humanos, cubiertos en largos mantos de pieles bordeaba la escarpa con ojos atentos al nuevo paisaje que se les presentaba. Este debió ser el panorama al ingreso de los primeros habitantes en nuestro territorio. Nuestro almanaque indicaría que faltan aún mas de diez mil años para el nacimiento de Cristo.
En esta escena, se comienza a escribir la prehistoria del Uruguay. Un período vasto, amplio, complejo y variable, puesto que es 40 veces mayor que el denominado período histórico del país. Una prehistoria que es además casi desconocida para la gran mayoría de los uruguayos, y expresamente ignorada (cuando no caricaturizada) en la educación formal.
A lo largo de miles de años, distintos grupos fueron habitando este territorio. Una comarca que algunas veces les fue fértil y feraz, mientras en otras fue desoladora y mortificante. Que llegó a tener áreas desertizadas en el noroeste hace 7.000 años, con extensos arenales en los que se desplazaban llamas y guanacos. Y que poseyó importantes bosques semi-tropicales en su región central, apenas tres mil años después.

El océano cubrió -nuestras hoy turísticas playas-, sumergiéndolas bajo seis metros, para retroceder en otros momentos, dejando mas de 70 a 100 km. de nuevas costas y de un tan inmenso como desconocido territorio costero a la curiosa exploración.
Un panorama cambiante en lo geográfico y en lo climático. Casi siempre sorprendente, y en el que los aborígenes tuvieron un extraordinario rol: adaptarse a dramáticos cambios de flora y de medio ambiente, en los que no sólo sobrevivieron, sino que desarrollaron además variadas y complejas relaciones sociales y culturales. Todo ello, junto a una renovadora capacidad para inventar y para modificar herramientas.

De izquierda a derecha: Punta de Lanza Simbólica, signo de mando encontrada en el Río Queguay, Punta Hoja de Laurel encontrada en San Gregorio (Tacuarembó) Colección Tadei, Punta Hoja de Sauce encontrada en la Barra de Valizas (Rocha) Colección Beltrán Pérez.

Punta de lanza simbólica encontrada en el Río QueguayPunta Hoja de Laurel encontrada en San Gregorio (Tacuarembó)Punta Hoja de Sauce encontrada en la Barra de Valizas (Rocha)Pero también para reconstituir sus sistemas de asentamiento (las formas de ocupación del medio) y los procesos aún mas complejos, de obtención de alimentación y de recursos para la subsistencia.
Esta prehistoria del Uruguay, es una larga epopeya de héroes anónimos que queda subsumida en los pocos textos que la mencionan, bajo el inadecuado y restringido rótulo de "la cultura indígena".
No hubo una cultura indígena. En realidad, hubieron varias y muy distintas: siempre prestas para responder a los cambios del medio, con nuevos cambios técnicos y culturales. Con habilidad para modificar no solo las herramientas, sino, también los sistemas de vinculación y organización entre sus miembros. Establecieron algunas veces asentamientos permanentes y otras, adoptaron la estrategia de pequeñas bandas de alta maniobrabilidad, gran velocidad de desplazamientos y reducido impacto ambiental.
Las cambiante situaciones del medio, no se resolvieron sólo con cambios morfológicos en las herramientas que usaron. Y mucho menos con un supuesto e inventado aumento de complejidad en las mismas (una lineal evolución de lo simple a lo complejo), producto de una forma europeizante de pensar las culturas del resto del mundo. Lo hicieron con un manejo complejo de las relaciones sociales, como otra estrategia igualmente eficaz para someter el medio.
Dentro de ese marco de constante cambio y adaptación, es que podremos entender ese extenso, vasto pasado prehistórico del Uruguay. Dentro de esos parámetros es que podremos observar y entender los cambios materiales que los arqueólogos uruguayos están investigando. Que no podrán ser entendidos nunca, si suponemos (como hoy se hace) que ellos ocurrieron en un Uruguay similar al actual.

LO QUE SE CONOCE

En un período tan dilatado, fueron tomadas varias soluciones como parte de consistentes estrategias de manejo de los recursos, para lograr estabilidad de los grupos humanos en el medio.
Sobre la costa del Uruguay y en las islas que quedaron hoy bajo la represa internacional de Salto Grande, las excavaciones permitieron hallar (entre otros fósiles) una gran cantidad de finos artefactos líticos (de piedra). Muchos demuestran una detallada técnica de manufactura y un gran conocimiento y manejo de los aspectos técnicos para obtener hojas bifaciales (o sea que fueron talladas en ambas caras) que tienen apenas 3 a 4 mm de espesor. Raederas que muestran en sus agudos filos, los daños producidos por su intenso uso hace mas de cinco mil años. Puntas de proyectil conocidas como "cola de pescado" (por su peculiar formato), que además de sorprender por su alta precisión técnica, son indicadoras de remotas tradiciones que van mas allá de los ocho mil años de antigüedad.

Muestras de diferentes tipos de puntas de flechas de distintos departamentos de la República, parte de la Colección Tadei, salvo la más pequeña, que es un microlito encontrado en la Barra de Valizas  (Rocha) y pertenece a la Colección C. Mozo.

Diferentes tipos de puntas de flecha
Con los grandes cambios climáticos, los arqueólogos rescatan también una variación en la ubicación de los sitios, hallándose ahora una gran cantidad de ellos en las zonas centrales el país. Las herramientas varían allí, no solo porque las fuentes de provisión de piedras son distintas, sino que cambian adaptándose a la nueva fauna y del medio.
Alrededor de los cinco a seis mil años antes del presente, surgen en todo el país, una sucesión de montículos, casi todos construidos artificialmente. En oportunidades están aislados: en otras forman grupos de veinte o más. Unas veces las estructuras parecen estar dispuestas al azar: mientras que en otras se distribuyen adoptando formas circulares, elípticas o de herradura.
La función que ellos cumplieron es tan compleja y distintiva, como las conductas de sus diversos constructores. Unas veces emergen en ellas complejas formas de enterramiento: tanto individuales como múltiples. La variación de los ajuares fúnebres, sugiere un fuerte contenido de búsqueda de diferenciación social, lo que implicaría distribución de tareas en los grupos. En otras, los montículos son apenas utilizados como depósito secundario de los muertos, o aún para eventuales tareas de horticultura.
Algunos montículos fueron utilizados para tareas cotidianas, mientras otros han servido de atalayas en lugares estratégicos. O para control en la obtención de materia prima. Así es posible hallar en sus proximidades, grandes bifaces, núcleos y choppers (instrumentos simples unifaciales) que debieron ser utilizados para manejar (entre otras) la abundancia de madera producto de importantes zonas boscosas.

Recientes trabajos en Artigas cerca de las áreas con grabados prehistóricos, señalan la presencia de cerámica Ya mil seiscientos años antes de Cristo. O sea, cuando Micenas dejaba de ser una simple aldea para ir rodeándose de murallas, o cuando la mayoría de las islas del Pacifico aún no tenían presencia humana.
Mas complejas sociedades de horticultores y pescadores, ocuparon y prosperaron en la boca de los ríos Uruguay y Negro. Allí desarrollaron muy elaboradas formas cerámicas sumadas a una mas que compleja y variada decoración.

Apéndices con representaciones de la fauna, decoraban tridimensionalmente los bordes de platos y vasijas. Mientras mas al norte, otras formas cerámicas imitaban aves para realizar en las ceremonias ligadas a la alteración de la conciencia. Varios investigaciones apuntan a explicar ese particular fenómeno cultural.

Trozos de cerámica con decoración imbricada e incisa encontrados en Las Cañas, Departamento de Río Negro. Colección Tadei.
Trozo de cerámica decorada encontrada en Las Cañas, Depto de Río Negro.Trozo de cerámica decorada encontrada en Las Cañas, Depto de Río Negro.Trozo de cerámica decorada encontrada en Las Cañas, Depto de Río Negro.

Desde hace unos dos mil quinientos años atrás, tanto simples como complejas formas predominantemente geométricas y de color rojo, fueron cuidadosamente pintadas en centenas de bloques de piedra en los departamentos del área central. De las cuales apenas unos cien subsisten, pese al intenso vandalismo con que desaprensivamente se las daña, eliminando otra fuente de conocimiento del pasado.
En el noroeste, se continúan las investigaciones para documentar conjuntos de grabados que se inician hace más de seis mil años, reflejando una permanente actividad artística que se continúa hasta el año 800 de nuestra era.

LAS GRANDES INVASIONES

Alrededor del año 1500 D.C., en veloces canoas llegaron desde el norte invasores que montaron importantes campamentos sobre las orillas de los principales ríos. Entre sus hábitos mas notorios estaba el uso de horticultura estacional con introducción de nuevas especies, y se hicieron mas notorios aún por su canibalismo ritual: eran los guaraníes.

Urna Funeraria, Isla de VizcaínoUrna Funeraria, Isla de Vizcaíno

Urnas funerarias Isla de Vizcaíno. Colección Museo de Historia Natural en Montevideo


Curiosamente casi en el mismo momento, por el sudeste aparece otro grupo invasor también navegante. En forma similar también eligieron como sitios de desembarco y emplazamiento, las desembocaduras de los ríos o bahías notorias. En lugar de canoas, se desplazaban en barcos que traían como mecanismo de desplazamiento, unas curiosas y muy amplias telas extendidas. A diferencia también del otro grupo invasor, su tez era blanca y algunos tenían pelos en la cara que les cubrían hasta el cuello. Usaban armas de corte largas, y pequeños útiles que lanzaban junto a humo y fuego, la muerte. Una muerte que fue masiva e indiscriminada para los indígenas, pero que no tenía carácter ritual. Además de nuevas especies vegetales, abandonaron en el territorio vacas y caballos.
Estos últimos produjeron una real revolución en las formas de manejo del medio, en los grupos existentes. Las distancias que eran mensurables en días, se redujeron a horas. La subsistencia cuidadosamente balanceada con el manejo de la fauna, se volvió totalmente dependiente del ganado, más fácil de prender y con mejor volumen de aprovechamiento y diversidad de abastecimiento. Esta doble invasión desde el norte y el sudeste, cambió radicalmente las culturas indígenas que habitaban el territorio de Uruguay. Debieron luchar por la posesión de sus medioambientes, disputar por el ganado cerril y salvaje, sufrieron una limitación de desplazamientos por la lenta pero progresiva invasión de la campaña, y apenas un siglo y medio después, otra nueva invasión desde el norte. Que selectivamente va abatiéndose sobre los grupos y sus malocas, aprisionando hombres y mujeres para y trasladarlos como esclavos a Brasil.
Apenas en 200 años, la caza de aborígenes; las letales nuevas enfermedades traídas por los europeos; el incesante acoso y la continua destrucción de sus asentamientos, incluso de las propias "reducciones" establecidas por órdenes religiosas; el desigual armamento en los combates, alteró radicalmente la presencia en esta tierra. Por un lado en cuanto a cantidad de indígenas, que descendió abruptamente a apenas un 30% (resultado también de éxodos tanto al sudeste del actual Brasil, como a las provincias litorales de la mesopotamia argentina). Por otro en su visibilidad, que como estrategia de supervivencia, alcanzó grados mínimos a los efectos de no hacerse notar en la campiña.
Se adoptaron complementariamente nuevas conductas sociales: los grupos indígenas llevaron ahora al máximo rendimiento la alta movilidad que ofrecían los caballos y conjuntamente, utilizaron una doble táctica de reducir los integrantes de los grupos y evitar los asentamientos estables para sobrevivir. Su presencia física (cada vez menos notoria, lo cual no implica que fuera igualmente escasa) se limitó a fugaces y relampagueantes apariciones en los sitios donde podían abastecerse y en forma mas rápida aún, desaparecer. Una táctica que fue utilizada mímicamente por los caudillos de la nueva nación que se formará.
Sin embargo estas valiosas estrategias de supervivencia han sido leídas en forma equívoca por muchos historiadores, cuando citan el nomadismo y la ausencia de asentamientos permanentes, como características negativas de sus culturas. Así como atribuyen la buscada baja visibilidad, a una real ausencia física: ¿acaso les era posible no elaborar dichas cambios conductales, sin encaminarse al suicidio colectivo?
Sin embargo, el etnocidio llegó cuando abandonaron dichas estrategias. Cuando fueron perseguidos en planificadas matanzas como en los primeros años de la independencia. Cuando los indígenas pasaron a integrar los cuerpos principales de los ejércitos nacionales, a instancias de promesas que luego fueron abandonadas por el retiro de sus autoatribuidos jefes, o cuando los caudillos que los comandaban, se integraron a los altamente inestables sistemas políticos en formación.

Monumento a los Ultimos Charrúas, sito en el Prado de Montevideo sobre la Avenida Delmira Agustini, inaugurado en 1938. Es una obra de los escultores Edmundo Pratti, Gervasio Furest y Enrique Lussich.

Monumento a lso Ultimos Charrúas, Prado de Montevideo
Cuando en Francia mueren mientras son expuestos al público en el Musee de l'Homme primero y en circos después, aquellos que la historia mítica uruguaya denominó "los últimos Charrúas".
Todo esto determinó que Uruguay es uno de los tres países de América sin culturas indígenas vivientes. Y que sus sistemas político y educativo, no han podido aún expiar el inventario de sus culpas.
Este pretende ser el gran preámbulo a una extensa como compleja prehistoria del Uruguay. En la que ambiente, fauna, flora y humanos, se han modificado a lo largo de mas de 100 siglos, dando estos últimos múltiples respuestas y novedosas soluciones a la única realidad que perdura: el cambio.
Una lección que los neo-orientales (hoy definitivamente uruguayos) aún no hemos aprendido.


documento elaborado por: Lic. Mario Consens

Correo Electrónico consens@adinet.com.uy - Casilla de Correo 18.007, Montevideo, Uruguay.

Por mayor información: Centro de Investigación de Arte Rupestre del Uruguay - CIARU


Los dibujos que ilustran esta página fueron tomados de:

Campá Soler, Raúl ; Dorries, Cristian. Atlas de Prehistoria : referente a la República Oriental del Uruguay. -- Buenos Aires : Biblioteca F.V., 1975.

La Red Académica Uruguaya (RAU) agradece a la Librería Linardi y Risso el suministro de este documento.


Versión de: Abril de 1998
Ubicación: http://www.rau.edu.uy/uruguay/historia/prehist.htm


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Gral . Arquitecto Alfredo Baldomir con el Dr. Gabriel Terra

Gral. Arquitecto Alfredo Baldomir con el Dr. Gabriel Terra

El Presidente Gral. Arquitecto Alfredo Baldomir recibe el mando de l Dr. Gabriel Terra


El Presidente de la República Gral. Arquitecto Alfredo Baldomir recibe el mando presidencial del Dr. Gabriel Terra.


Foto año 1938.

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Usina de Energía Eléctrica de Montevideo en el año 1923

Usina de Energía Eléctrica de Montevideo en 1923

Vista aérea de la Usina de Energía Eléctrica de Montevideo en 1923


Vista aéra de las Usinas Eléctricas del Estado en Montevideo hoy Administración Nacional de Usinas y Trasmiciones Eléctricas (UTE), nacionalizadas en forma completa en 1912, teniendo carácter monopólico.


Foto año 1923.

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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El graf Zeplelin en 1934 sobre Montevideo

Nave del Tercer Reich visita Montevideo

El Graf Zepelin  en 1934 sobre el cielo de Montevideo


El Graf Zepelin vuela sobre la ciudad de Montevideo, el 1ero de julio de 1934.


Foto año 1934.

Fuente: Archivo Nacional de la Imagen - SODRE


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Cerámica con Apéndice de Decoración Zoomorfa

CERAMICAS CON APENDICE DE DECORACIÓN ZOOMORFA

Pieza cerámica con un apéndice de decoración zoomórfico


Foto suministrada por el Lic. Mario Consens


Versión de: Abril de 1998
Ubicación: http://www.rau.edu.uy/uruguay/historia/zoomorf.htm


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